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Estimados lectores:

La nueva selección es “Los siete locos”, de Roberto Arlt.

Los siete locos

Hace mucho que lo tengo en la lista de pendientes, pero no estoy segura de que sea el mejor momento para leerlo, ya que es más complejo de lo que imaginaba, y la trama es bastante melancólica y depresiva.

La historia gira alrededor de las tribulaciones de Remo Erdosain, descubierto robando de la empresa donde trabaja como cobrador, desesperado por conseguir dinero, abandonado por su mujer. Bajo estas circunstancias encontramos a Erdosain desesperanzado, casi agonizante por momentos, envuelto en una red de desesperación y angustia de la que parece no puede salir.

Lo acompañan personajes como “El Astrólogo”, empeñado en hacer una revolución social financiada por una red de burdeles administrada por el Rufián Melancólico.

La edición que tengo cuenta con un prólogo de Mirta Arlt, hija de Roberto, donde se nos plantea a Erdosain como una especie de espejo del autor, compartiendo el personaje y su creador muchos de los sentimientos expuestos en la obra.

Para tomar conciencia de la temática del libro les dejo una cita:

“Elsa miraba fijamente tras los rombos del velo, el semblante demacrado de aquel esposo que tanto quisiera un día, en tanto que Erdosain se preguntaba por qué existía en él un vacío tan inmenso, vacío en el que su conciencia se disolvía sin acertar con palabras que ladraban su pena de un modo eterno”.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

He terminado de leer “Ébano”, de Ryszard Kapuściński.

El libro es precioso, para disfrutar cada palabra. Está compuesto por una treintena de pequeños relatos que son más bien fotos o postales de distintos países de África, en diferentes años, desde 1950 hasta 1994.

Cada uno de los relatos es a la vez una foto y parte de una película, porque a través de cada uno de ellos ingresamos en una partecita muy íntima y privada de ese enorme y diverso continente que es África. Así vemos pintorescos personajes locales, rituales, discriminación y guerras, miseria, hambre y sed, y una variedad de relaciones humanas.

Pero también la riqueza está en el conjunto de estas visiones parciales, en ese sabor que nos queda luego de terminar de leer el libro y saber que ahora conocemos un poco más la realidad de África.

Justo el fin de semana vi un excelente documental biográfico del fotógrafo brasilero Sebastião Salgado (“La sal de la tierra”), que me recordó mucho al trabajo de Kapuściński. Porque sentí que ambos hacían lo mismo: retratar. Pero no retratos comunes; se trata de extractos de realidad, transparentes y sencillos, que sin necesidad de explicaciones o de elaboradas frases, reflejan de manera perfecta lo que percibimos con nuestros sentidos.

Les dejo algunos extractos del libro, acompañados de fotos de Salgado. Varios son del último relato, “En África, a la sombra de un árbol”, que me pareció bellísimo. Encontré una página que lo reproduce completo, por si lo quieren leer: https://cronicasperiodisticas.wordpress.com/2010/09/12/en-africa-a-la-sombra-de-un-arbol/

Citas

“Entre ellos todo se mide por el valor de los camellos: la riqueza, el poder, la vida. Sobre todo la vida. Si Ahmed mata a un miembro de otra familia, la suya tiene que pagar a la del muerto una indemnización. Si ha matado a un hombre, cien camellos; y si a una mujer, cincuenta. Si no, ¡habrá guerra!”.

“Les explico a los escoceses que las demandas de sus interlocutores son consecuencia de la convicción, que comparten muchos africanos, de que el blanco lo tiene todo. En cualquier caso, que tiene mucho más que el negro. Y si en su camino aparece un blanco, es como si la gallina le pusiera al africano un huevo de oro. Tiene que aprovechar la oportunidad, no puede dormirse, dejar pasar la ocasión. Tanto más cuanto que mucha de esa gente realmente no tiene nada, necesita de todo y anhela muchas cosas”.

Salgado

“Pues bien, ha caído la noche, estamos sentados bajo un árbol enorme y una muchacha me ofrece un vaso de té. Oigo hablar a gentes cuyos rostros, fuertes y brillantes, como esculpidos en ébano, se funden con la inmóvil oscuridad. No entiendo mucho de lo que dicen pero sus voces suenan serias y solemnes. Al hablar se sienten responsables de la Historia de su pueblo. Tienen que preservarla y desarrollarla. Nadie puede decir: leedla en los libros, pues nadie los ha escrito; no existen. Tampoco existe la Historia más allá de la que sepan contar aquí y ahora. Nunca nacerá esa que en Europa se llama científica y objetiva, porque la africana no conoce documentos ni censos, y cada generación, tras escuchar la versión correspondiente que le ha sido transmitida, la cambia, altera, modifica y embellece. Pero por eso mismo, libre de lastres, del rigor de los datos y las fechas, la Historia alcanza aquí su encarnación más pura y cristalina: la del mito”.

(…) “Es extraño, aunque rigurosamente cierto a un tiempo, que la vida del hombre dependa de algo tan volátil y quebradizo como la sombra (de un árbol). Por eso el árbol que la proporciona es algo más que un simple árbol: es la vida. Si en su cima cae un rayo y el mango se quema, la gente no tendrá dónde refugiarse del sol ni dónde reunirse. Al serle vetada la reunión, no podrá decidir nada ni tomar resolución alguna. Pero, sobre todo, no podrá contarse su Historia, que sólo existe cuando se transmite de boca en boca en el curso de las reuniones vespertinas bajo el árbol. Así, no tardará en perder sus conocimientos del ayer y su memoria. Se convertirá en gente sin pasado, es decir, no será nadie. Todos perderán aquello que los ha unido, se dispersarán, se irán, solos, cada uno por su lado. Pero en África la soledad es imposible; solo, el hombre no sobrevivirá ni un día: está condenado a la muerte. Por eso, si el rayo destruye el árbol, también morirán las personas que han vivido a su sombra. Y así dicho: el hombre no puede vivir más que su sombra”.

“El desierto te enseñará una cosa: que hay algo que se puede desear y amar más que a una mujer. El agua”, dicho al autor del libro por Ogotemmeli, el sabio del pueblo dogon que habita en Mali.

Salgado 3

“El mundo del africano medio es diferente; es un mundo pobre, de lo más sencillo y elemental, reducido a unos pocos objetos: una camisa, una palangana, un puñado de grano, un sorbo de agua. Su riqueza y diversidad no se expresan bajo una forma material, concreta, tangible y visible, sino en esos valores y significados simbólicos que dicho mundo confiere a las cosas más sencillas, tan baladíes que son inapreciables para los no iniciados”.

“El racismo, el odio hacia el otro, el desprecio y el deseo de erradicar al diferente hunden sus raíces en las relaciones coloniales africanas. Allí, todo esto ya había sido inventado y llevado a la práctica siglos antes de que los sistemas totalitarios modernos trasplantasen aquellas sórdidas e infames experiencias a la Europa del siglo XX”.

“El espíritu de África siempre se encarna en un elefante. Porque al elefante no lo puede vencer ningún animal. Ni el león, ni el búfalo, ni la serpiente”.

Salgado 2

Estimados lectores:

Les dejo una cita de Ébano, de Ryszard Kapuscinski. Si bien es un capítulo sobre Ruanda, aplica a muchos países de África.

El viaje por el mundo es un peregrinar de una provincia a otra, y cada una de ellas es una estrella solitaria que brilla sólo para sí misma. Para la mayoría de la gente que vive allí, el mundo real se acaba en el umbral de su casa, en el límite de su aldea o, todo lo más, en la frontera de su valle. El mundo situado más allá no es real ni importante, ni tan siquiera necesario, mientras que el que se tiene a mano, el que se abarca con la vista, aumenta ante nuestros ojos hasta alcanzar el tamaño de un cosmos tan inmenso que nos impide ver todo lo demás. Ocurre a menudo que el habitante del lugar y el que llega desde lejos tienen grandes dificultades a la hora de encontrar un lenguaje común, pues cada uno de ellos se sirve de una óptica diferente para mirar el mismo paisaje. El visitante usa un gran angular, que le da una imagen alejada y reducida y, en contrapartida, una larga línea de horizonte; en tanto que el interlocutor local siempre ha usado un teleobjetivo o incluso un telescopio, que aumenta hasta el detalle más insignificante.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Actualmente me encuentro leyendo “Ébano”, de Ryszard Kapuściński.

Ebano

El autor es un escritor y periodista polaco, historiador, que trabajó como corresponsal de guerra en diferentes países de Asia, África, Europa y América. En este libro recorremos con Ryszard parte del tumultuoso continente africano a partir de los años 1960: Ghana, Tanzania, Nigeria, Ruanda, entre otros.

Pero el África que vemos no es la del turista, sino la del africano. Es el África de la malaria, la tuberculosis, las guerras civiles y los golpes de Estado. Es el África de los robos constantes, la corrupción, las injusticias y el despotismo. Pero es también el África de la amistad y la fidelidad, de los paisajes, las costumbres y los olores. Es el África completa, con sus matices y múltiples realidades.

El propio autor nos brinda la mejor presentación del libro:

He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a los camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.

De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos “África”. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.

Como se ve en estas pocas líneas, Kapuściński, además de historiador y cronista, es un novelista con un talento especial. Todas las imágenes que nos muestra son vívidas y llenas de sentimiento, pero a la vez con una gran carga de historia y cultura que absorbemos espontáneamente, casi sin darnos cuenta.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

En el día de ayer he concluido “Marina”, de Carlos Ruiz Zafón. Antes de ofrecerles mis comentarios sobre el libro, quisiera ampliar la descripción de la trama, ya que lo que surge de la contratapa me parece muy limitado.

La historia

En la Barcelona de 1980, los errantes paseos de Óscar, un joven estudiante de internado, lo llevan a conocer a Marina, quien vive con Germán, su enfermo padre, en una antigua mansión señorial, hoy abandonada.

Óscar y Marina se dedicarán sin desearlo a develar el misterio que se esconde entre las callejuelas de Barcelona, que gira alrededor del cementerio de Sarriá, de macabras marionetas que parecen vivas, de olores perturbadores y de una siempre presente mariposa negra.

Para lograrlo deberán ingresar al mundo de Mijail Kolvenik, un científico e inventor, muerto en 1948, rodeado de extrañas circunstancias.

Si bien Marina es protagonista de la historia, y quien le da nombre al libro, la trama no pasa por ella. O quizás sí… Porque siguiendo a las mariposas negras, Óscar y Marina desarrollarán una amistad propia de aquellas almas solitarias que solo buscan compañía.

Comentarios

Ruiz Zafón nos intenta presentar en “Marina” una reflexión sobre la vida y la muerte, la soledad y la compañía, pero enmarcada en una historia que, a mi criterio, podría ser mucho más rica.

Quizás el problema es que esperaba otra cosa, una narración más parecida a la de “La sombra del viento”, y una historia más profunda y compleja. En “Marina”, en cambio, me encontré con una historia extraña, con giros predecibles, toques de surrealismo poco creíbles y algunas imágenes muy trilladas, como la de la misteriosa mujer con velo en el cementerio.

Tampoco me convenció el final, porque fuerza una reflexión, pretendiendo dejarnos pensando luego de esta bizarra historia.

Citas

“¿Qué clase de ciencia es ésa que es capaz de poner un hombre en la Luna pero incapaz de poner un pedazo de pan en la mesa de cada ser humano?”.

 “A lo mejor el problema no está en la ciencia, sino en quienes deciden cómo emplearla”.

 “La vida del artista es una vida de riego, incertidumbre y, casi siempre, de pobreza. No se escoge; ella lo escoge a uno. Si tienes dudas respecto a cualquiera de estos dos puntos, más vale que salgas por esa puerta ahora mismo”.

 “Siempre había pensado que las viejas estaciones de ferrocarril eran uno de los pocos lugares mágicos que quedaban en el mundo. En ella se mezclaban los fantasmas de recuerdos y despedidas con el inicio de cientos de viajes destinos lejanos, sin retorno. “Si algún día me pierdo, que me busquen en una estación de tren”, pensé”.

 “El tiempo hace con el cuerpo lo que la estupidez hace con el alma. Lo pudre”.

 “Mijail, ¿te acuerdas de aquel día cuando me preguntaste cuál era la diferencia entre un médico y un mago? Pues bien, Mijail, no hay magia. Nuestro cuerpo empieza a destruirse desde que nace. Somos frágiles. Criaturas pasajeras. Cuanto queda de nosotros son nuestras acciones, el bien el mal que hacemos a nuestros semejantes. ¿Comprendes lo que quiero decirte Mijail?”.

Próximo libro: “Ébano”, de Ryszard Kapuściński.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Lamentablemente tuve que abandonar a Piglia. Como ahora estoy con poco tiempo para ser constante con la lectura, prefiero dejarlo para otro momento.

Para llenar el vacío que siento por la falta de un biblocompañero, busqué en la biblioteca y encontré “Marina”, de Carlos Ruiz Zafón. Instantáneamente me pareció perfecto para este momento: es un libro muy breve y la forma de escribir del español es atrapante. ¡Imposible no engancharse!

Marina.jpg

Según la contratapa:

“Quince años más tarde, la memoria de aquel día ha vuelto a mí. He visto a aquel muchacho vagando entre las brumas de la estación de Francia y el nombre de Marina se ha encendido de nuevo como una herida fresca. Todos tenemos un secreto encerrado bajo llave en el ático del alma. Este es el mío”.

En el comentario que introduce la obra, Ruiz Zafón nos explica que Marina es su libro preferido, escrito a sus 33 años, entre 1996 y 1997, cuando, según él mismo explica, sintió que su primera juventud se le estaba escapando de las manos.

Marina fue una especie de despedida de las novelas para jóvenes. Es por lo tanto una novela muy personal, que sigue presente en la memoria del autor, aún después de tantos años.

Saludos.

Mercedes

 

Estimados lectores:

Ante todo disculpen la falta de publicaciones, pero la verdad es que no estoy con tiempo para leer.

Les dejo el link a una nota con los principales libros publicados en los últimos años.

https://queleer.com.ve/2014/05/25/que-gran-libro-se-publico-el-mismo-ano-de-tu-nacimiento/

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Me encuentro leyendo, muy de a poco, “Respiración artificial”, de Ricardo Piglia. Lamentablemente estoy con muy poco tiempo para leer, lo cual tampoco contribuye a que me conecte con la trama, que por cierto no es sencilla.

El libro gira en torno a la familia Ossorio, cuya historia nos remonta a 1850, cuando en el país gobernaba Juan Manuel de Rosas. A través de diferentes generaciones se fue transmitiendo el pasado de Enrique Ossorio, abuelo de uno de los protagonistas, acusado de conspirador en la época de Rosas.

Cien años después de los hechos, el errante y aventurero Marcelo Maggi, familiar político de los Ossorio, se fija como propósito indagar en antiguos papeles familiares y escribir la verdadera historia de este Enrique Ossorio, desconocido e ignorado por muchos.

Para ello contacta a su sobrino, Emilio Renzi, un joven escritor, una especie de alter ego del propio Piglia, quien acaba de escribir un libro sobre la historia familiar, donde el errático tío tiene un rol preponderante.

Me está costando bastante leerlo, no solo por la falta de tiempo, sino porque es algo rebuscado. Hay muchas referencias históricas, más que nada en la segunda parte, y de historia argentina, que no es mi especialidad. Además que cambian las bordadoras y los estilos narrativos, pasando del formato epistolar al diálogo y a la narración en prosa tradicional. Hay permanentes idas y venidas en el tiempo, desde 1800 hasta casi la actualidad.

Quizás no sea el mejor momento para leer un libro así. Creo que requiere más dedicación.

Les dejo un extracto del libro:

“Veo bien el trágico destino que nos espera, sobre todo a usted, Juan Bautista (Alberdi), sobre todo a usted porque lo conozco bien y sé que jamás llegará a transigir. Es de la clase de hombres que no transige y esa clase de hombre, en los tiempos que se avecinan, tendrán dos caminos: el exilio o la muerte. Los otros, y entre ellos algunos que hoy se dicen sus amigos, harán, claro, su carrera. Este país está a punto para eso. ¿Cómo no van a hacer carrera si tienen el campo abierto, toda la pampa para ellos? Van a ganar los que corran más ligero, no los mejores, ni los más honestos, ni los que mejor piensen o quieran a la patria. En cuanto a usted: ninguna gloria le será negada, Juan Bautista, pero tampoco ninguna desdicha”.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Les dejo el link a un interesante artículo de La Nación, que explica cómo leer literatura, además de ser un placer personal, puede ser útil en la carrera laboral.

http://www.lanacion.com.ar/2017118-cinco-maneras-en-que-leer-ficcion-sirve-para-hacer-carrera-en-el-trabajo

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

He terminado de leer El extranjero, de Albert Camus (L’Étranger en el idioma original). Lo había leído hace mucho tiempo, estando todavía en la secundaria, y la verdad que no recordaba nada. Quizás porque las reflexiones que aporta el libro eran demasiado complejas para mis 16 años.

El libro nos muestra el interior de Meursault, un joven argelino que sufre la muerte de su madre. “Sufrir” es una forma de decir, porque en realidad Meursault no siente nada, ni por su madre, ni por su novia María, ni por el hombre desconocido que matará unos días después del funeral de su madre, en un caluroso día de verano.
Este pequeña pero preciosa novela, narrada en primera persona por Meursault, nos muestra la esencia de este hombre que transita la vida como un extranjero.

Imperdible. 100% obligatorio leerla.
Próximo libro: “Respiración artificial”, de Ricardo Piglia.

Saludos.

Mercedes