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Estimados lectores:

Aunque sea brevemente, quiero dejarles un comentario de El primer hombre, de Camus. Hace ya una semana que lo terminé y todavía sigo recordando pasajes del libro. Es más, pienso releerlo en un tiempo, para recordar todas esas imágenes preciosas del libro.

Introducción

Es un libro bastante corto y no muy difícil de leer (para lo que es Camus). A pesar de haberlo podido leer más rápido, preferí hacerlo lentamente, saboreando cada párrafo. Como ya dije, el hecho de ser autobiográfico, le da al lector una visión diferente y muy especial de los hechos narrados.

La primera parte de la obra hace referencia a la familia del pequeño Jacques Cormery (Albert Camus), mientras que la segunda se focaliza en sus estudios en la escuela primaria y en el liceo (secundaria).

Acompañan al libro las páginas de notas añadidas por Camus, muchas de las cuales no guardan relación con la historia de la novela. Por tratarse de una publicación póstuma, basada en el manuscrito encontrado luego de la muerte de Camus, hay palabras que no lograron ser descifradas (no son muchas), señaladas en el libro.

La novela comienza con el nacimiento de Jacques Cormery, segundo hijo de un joven matrimonio de pobres inmigrantes residentes en Argelia. Al poco tiempo del nacimiento del pequeño, su padre debe combatir en la Primera Guerra Mundial, muriendo al año siguiente, en Francia.

Cuarenta años después, nos encontramos a Jacques Cormery visitando, por primera vez y a pedido de su madre, la tumba de ese padre desconocido. La visión de la tumba, particularmente por reconocer la corta edad de su padre al momento de morir, despertó la ternura de Jacques, quien decide descubrir quién era ese “primer hombre” que fue su padre.

Esta búsqueda, que resultará poco fructífera, lo llevará a Argel, en su Argelia natal. La vuelta a la casa de su infancia le traerá cientos de pequeños recuerdos que compartirá con el lector.

La familia

En esta reminiscencia conoceremos a la familia de Jacques, donde se destacan principalmente las tres personas con las que vivía: su madre, su abuela y su tío. Las descripciones de la madre son preciosas, alcanzando niveles cada vez más dulces a medida que pasan las páginas. Se ve en la madre del niño Jacques a una mujer llena de buenos sentimientos, sin ningún tipo de maldad, pero aislada por su analfabetismo y discapacidad (era sorda y prácticamente no hablaba). El amor entre el niño y su madre se expresa a través de pensamientos y miradas nada más.

Durante toda su vida Camus guardará un incondicional amor por su madre, a pesar de la momentánea vergüenza que le causó, al ingresar al liceo, tener que reconocer que su madre se dedicaba a limpiar casas.

La abuela de Jacques, una dura y dominante española, acogió a su hija y a sus dos nietos luego de la partida a la guerra del yerno. Ejerció desde el primer momento el control del hogar, sin darle prácticamente intervención a su hija en la educación de los niños. Era la abuela la encargada de castigar severamente a los pequeños por cada falta cometida.

Finalmente, el núcleo de Jacques queda conformado por su tío Ernest, también discapacitado, con quien el niño comparte salidas de caza en medio de los bosques argelinos.

Otro personaje central en la novela es el maestro de escuela de Jacques, el señor Bernard (señor Germain en la realidad), impulsor del crecimiento (intelectual y personal) de Camus, a través de sus enriquecedoras clases y de su apoyo gratuito e incondicional fuera del aula. Fue gracias a su maestro que Jacques consigue ingresar al liceo.

La admiración y amor que sentía Camus por su madre y su maestro de escuela quedó evidenciada al dedicarles a ellos dos el Premio Nobel de Literatura.

La pobreza

La pobreza material estará constantemente en el relato, aunque sea de manera implícita. Si bien aporta una visión preciosa y optimista de la infancia de Camus, no podemos dejar de ver con algo de tristeza a esos niños desnudos jugando en la playa, compartiendo el esporádico paquete de papas fritas que un afortunado podía comprar, o recibiendo duros castigos corporales por gastar los zapatos del colegio jugando al fútbol.

Más adelante, para contribuir a la manutención de su casa, y solventar sus estudios, Camus debió trabajar en las vacaciones de verano del Liceo, desde la edad de 14 años.

Comentario final

El libro es precioso de principio a fin. Llegué a las últimas páginas con el deseo de que no se terminara, de seguir inmersa en la historia de ese pequeño pobre de Argelia que llegó a ser uno de los escritores contemporáneos más reconocidos del mundo, ganador del Premio Nobel de Literatura.

Saludos,

Mercedes

Estimados lectores:

Ya he terminado de leer “El primer hombre”, de Albert Camus. Estoy releyendo algunas partes para hacer la síntesis final. Un anticipo: PERFECCIÓN.

Les dejo mientras tanto unas citas más (el libro está repleto de frases hermosas).


Un niño no es nada por sí mismo, son sus padres quienes lo representan. Por ellos se define, por ellos es definido a los ojos del mundo. A través de ellos se siente juzgado de verdad, es decir, juzgado sin poder apelar, y ese juicio del mundo es lo que Jacques acababa de descubrir, y junto con él, su propio juicio sobre la maldad de su propio corazón. No podía saber que tiene menos mérito, al llegar a hombre, no haber conocido esos malos sentimientos. Pero uno es juzgado, bien o mal, por lo que es y no tanto por su familia, ya que incluso sucede que la familia sea juzgada a su vez por el niño cuando llega a hombre. Pero Jacques hubiera necesitado un corazón de una pureza heroica y excepcional para no sufrir por el descubrimiento que acababa de hacer, así como se hubiera necesitado una humildad imposible para no acoger con rabia y vergüenza lo que sobre su carácter le revelaba. No tenía nada de todo eso, sino un orgullo duro y malo que lo ayudó por lo menos en esa circunstancia y le hizo escribir con mano firme la palabra “criada” en el impreso, que llevo con semblante cerrado al pasante que ni siquiera le prestó atención. A pesar de todo, Jacques no deseaba cambiar de estado ni de familia, y su madre tal como era seguía siendo lo que más amaba en el mundo, aunque la amara desesperadamente. Por lo demás, ¿cómo hacer entender que un niño pobre pueda a veces sentir vergüenza sin tener nunca nada que envidiar?


Dos veces por día, a las doce y a las seis, Jacques salía precipitadamente, bajaba corriendo la calle en pendiente y saltaba a los tranvías atestados, con racimos de viajeros colgados de todos los pescantes, que llevaban a los trabajadores de vuelta a sus barrios. apretados unos contra otros en aquel calor pesado, mudos, los adultos y el niño, pensando en la casa que los esperaba, transpirando en calma, resignados a esa vida dividida entre un trabajo sin alma, las largas idas y vueltas en tranvías incomodos y, para terminar, un sueño súbito. A Jacques, ciertas noches, se le acongojaba el corazón mirándolos. Hasta ese momento solo había conocido las riquezas y las alegrías de la pobreza. Pero el calor, el hastío, la fatiga le revelaban su maldición, la del trabajo estúpido que daba ganas de llorar, cuya monotonía interminable consigue hacer que los días sean demasiado largos y la vida demasiado corta.


De joven, yo pedía a las personas más de lo que podían dar: una amistad continua, una emoción permanente.

Hoy sé pedirles menos de lo que pueden dar: una compañía sin frases. Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan para mí su valor cabal de milagro: un efecto cabal de la gracia.


Había sido el rey de la vida, coronado de dones deslumbrantes, de deseos, de fuerza, de alegría, y por todo ello iba a pedirle perdón a ella, que había sido la esclava sumisa de los días y la vida, que no sabía nada, no había deseado nada ni osado desear y que sin embargo había conservado intacta una verdad que él había perdido y que era la única justificación de vivir.

(…)

Oh madre, oh tierna, querida niña, más grande que mi tiempo, más grande que la historia que te sometía, más verdadera que todo lo que he amado en este mundo, oh madre, perdona a tu hijo que huyó de la noche de tu verdad.


(…) Él sentía hoy que la vida, la juventud, los seres se le escapaban, sin poder salvar nada de ellos, abonando a la única esperanza ciega de que esa fuerza oscura que durante tantos años lo había alzado por encima de los días, alimentado sin medida, igual que las circunstancias más duras, le diese también, y con la misma generosidad infatigable con que le diera sus razones para vivir, razones para envejecer y morir sin rebeldía.

Estimados lectores:

Les dejo unas frases hermosas de “El primer hombre”, un libro lleno de poesía, precioso.

El Mediterráneo separaba en mí dos universos, el de los espacios mesurados, donde se conservan los recuerdos y los nombres, y el de los vastos espacios, donde el viento de arena borraba las huellas de los hombres. Había tratado de escapar al anonimato, a la vida pobre, ignorante, obstinada, incapaz de vivir al nivel de esa paciencia ciega, sin frases, sin otro proyecto que lo inmediato. Había andado por el mundo, edificando, creando, quemando otros seres, sus días habían estado llenos hasta rebosar. Y, sin embargo, ahora sabía en el fondo de su alma que Saint-Brieuc y lo que representaba nunca había sido nada para él, y pensaba en las tumbas desgastadas y verdosas que acababa de abandonar, aceptando con una especie de extraña alegría que la muerte lo devolviera a su verdadera patria y cubriese a su vez con su vasto olvido el recuerdo del hombre monstruo y (trivial) que había crecido y se había formado sin ayuda y sin auxilio, en la pobreza, en una orilla feliz y bajo la luz de las primeras mañanas del mundo, para abordar después, solo, sin memoria y fe, el mundo de los hombres de su tiempo, y su espantosa y exaltante historia.

Estimados lectores:

A continuación les dejo una cita de “El primer hombre”, de Camus, que me llamó la atención:


“La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro está, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido solo lo recuperan los ricos. Para los pobres, el tiempo solo marca los vagos rastros del camino de la muerte. y además, para poder soportar, no hay que recordar demasiado, hay que estar pegado a los días, hora tras hora, como lo hacía su madre, un poco a la fuerza, sin duda (…).

Estimados lectores:

He comenzado a leer “El primer hombre”, de Albert Camus.

El primer hombre

La obra es interesante no solo por ser autobiográfica, sino también por haberse editado tomando como base el manuscrito inconcluso que Camus tenía en su poder cuando murió (antes de los 50 años en un accidente de auto).

En la edición que tengo se acompañan algunas páginas del manuscrito, para confirmar que la tarea de su edición no fue sencilla. Resulta que Camus, además de tener una letra bastante indescifrable, había realizado una gran cantidad de anotaciones marginales, tachaduras, correcciones e incorporaciones de páginas inconexas. Además, encontramos algunas inconsistencias en el relato (cambios de nombre de los personajes, datos de la historia, etc). Todas las notas están referenciadas en el libro, junto con la mención de las palabras no descifradas y de las inconsistencias.

A continuación la síntesis, según la contratapa del libro:

El “hombre” del título es tal vez el padre del niño Jacques Cormery, protagonista de esta historia. Pero poco se sabrá de este padre emigrante, que murió en el frente de la primera guerra mundial y que se había casado con una menorquina analfabeta y casi muda con la que apenas tuvo tiempo para tener dos hijos. El verdadero primer hombre es el hijo: sin padre, educado en un miserable barrio de las afueras de Argel por una abuela autoritaria, que le inflige castigos corporales ante una madre impotente, exhausta por su trabajo “en casas ajenas”, ¿cómo y por qué caminos llegó este niño indigente a convertirse en Premio Nobel de Literatura? Esta “obra maestra”, como la calificó Jorge Semprún, contesta estas preguntas.

Hasta ahora el libro es increíble. La historia, además de excelente desde donde se la mire, es auténtica, porque, si bien no está narrada en primera persona, es evidente que se describen hechos que ocurrieron realmente. Camus refleja con sencillez su verdadera historia, esa niñez tan pobre, aunque solo en el sentido material, ya que Camus siempre recordará sus años en Argelia como los más felices de su vida, necesitando apenas la compañía del sol y las olas.

Saber que ese pequeñito que corre desnudo por la playa será Albert Camus, un escritor de una profundidad inigualable, reconocido mundialmente y ganador del Premio Nobel, hace que se me ponga la piel de gallina, llenándome de tristeza, esperanza y ternura, todo al mismo tiempo.

Les dejo una foto de Albert Camus de pequeño.

Camus niño

Si bien publiqué hace poco la biografía de Camus, como este libro es en gran medida autobiográfico, incorporo una breve síntesis, extraída del propio libro.

Biografía Albert Camus

Nació en Argelia en 1913, en una paupérrima familia de emigrantes. Con gran dificultad realizó sus estudios primarios y de magisterio. Tras trabajar un tiempo como redactor en un diario argelino, se traslado a París. Escribió libros tan fundamentales en nuestra cultura como “La peste”, “El extranjero” o “El mito de Sísifo”, por los que en 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura. Falleció prematuramente en 1960, en un accidente de circulación, poco después de declarar a un periodista: “Mi obra aún no ha empezado”.

Estimados lectores:

Quiero compartir con ustedes un pensamiento de Mario Vargas Llosa, expuesto el viernes pasado en AdnCultura, en relación a la obra de teatro que está representando, basada en el Decamerón de Boccaccio:

 “Enfrentados a una realidad intolerable (la ciudad atacada por la peste), siete muchachas y tres varones consiguen escapar de ella mediante la fantasía, transportándose a un mundo hecho de historias que se cuentan unos a otros y que los llevan de esa lastimosa realidad a otra, de palabras y sueños, donde quedan inmunizados contra la pestilencia.

¿No es esta situación el símbolo mismo de la razón de ser de la literatura? ¿No vivimos los seres humanos desde la noche de los tiempos inventando historias para combatir de este modo, inconscientemente muchas veces, una realidad que nos agobia y resulta insuficiente para colmar nuestros deseos?

La circunstancia que sirve de marco a los cuentos del Decamerón no puede expresar mejor la naturaleza de lo teatral: representar en un escenario algo que, mientras dura, es vida que reemplaza a la vida real, a la vez que la refleja con sus carencias y añadida de lo que nuestras necesidades y urgencias quisieran que tuviera para colmarnos y hacernos gozar de ella a plenitud”.

Estimados lectores:

He terminado de leer “Reinas Malditas”, de Cristina Morató.

A continuación, la síntesis de la historia de las dos reinas que me quedaron pendientes.

Victoria

Reina Victoria“La viuda de un imperio”

Nacimiento: 1819, Londres.

Padres: Príncipe Eduardo (duque de Kent) y Princesa alemana Victoria de Sajonia-Coburgo.

Marido: Su primo, Alberto de Sajonia-Coburgo.

Título: Reina del Reino Unido y Emperatriz de La India.

Hijos: Victoria, Eduardo, Alicia, Alfredo, Elena, Luisa, Arturo, Leopoldo y Beatriz.

Muerte: 1901, Isla de Wight (Gran Bretaña), de muerte natural a los 82 años.

Rasgos característicos: Llegó a Reina a los 18, luego de la muerte de su tío. Tuvo una madre extremadamente controladora, de la cual Victoria pudo desprenderse al llegar a reina. Estuvo toda su vida perdidamente enamorada de su marido, fallecido mucho antes que ella, y por quien lloraría hasta el final de sus días. Formó una gran familia: 9 hijos, 42 nietos y 37 bisnietos. Sus descendientes llegaron a los tronos de España, Alemania y Rusia. Por una deformación genética, trasladaría a sus descendientes el gen de la enfermedad de hemofilia.

 Alejandra Romanov

Alexandra Romanov“La última zarina”

Nacimiento: 1872. Darmstadt, Alemania.

Padres: Princesa Alicia de Gran Bretaña (hija de la Reina Victoria) y el Duque de Hesse.

Marido: Nicolás II, último zar de Rusia.

Título: Zarina de Rusia.

Hijos: Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexei.

Muerte: 1818. Ekaterimburgo, Rusia. Fue brutalmente asesinada por los bolcheviques, junto con toda su familia.

Rasgos característicos: Casada por amor con su primo Nicolás, heredero al trono de Rusia. Fue siempre muy tímida, pero con un carácter dominante, llegando a ejercer una enorme influencia en su marido y en el gobierno. Influyó de alguna manera en la caída del gobierno por este excesivo control sobre el zar, por el desconocimiento de la verdadera situación de su pueblo y por la creencia ciega en los poderes mágicos de Rasputín. Sintió culpa toda la vida por trasladarle a su único hijo varón, el heredero, la hemofilia, proveniente a su vez de su abuela la Reina Victoria.

Comentario final

El libro es excelente por donde se lo mire: está muy bien escrito (idioma original: español), tiene fotos que acompañan las historias, cita amplias fuentes confiables, es atrapante de principio a fin, y cada una de las historias nos introduce en vidas y mundos completamente diferentes.

Además, luego de ver algunos videos de la autora, que están en su página web, me produjo una simpatía enorme.

Saludos,

Mercedes

Estimados lectores:

Del libro “Reinas malditas”, de Cristina Morató, ya he leído sobre la vida de las cuatro primeras reinas analizadas: Isabel de Baviera (Sissi), María Antonieta, Cristina de Suecia y Eugenia de Montijo. Ahora me quedan la Reina Victoria de Inglaterra y la última zarina, Alejandra Romanov.

A continuación les hago una pequeña descripción de cada una de las reinas, ordenadas según cómo fueron apareciendo en el libro.

En realidad, si las agrupáramos cronológicamente por su fecha de nacimiento tendríamos el siguiente orden: Cristina de Suecia (1626), María Antonieta (1755), la Reina Victoria (1819) Eugenia de Montijo (1826), Sissi (1837) y Alejandra Romanov (1872). No sé cómo determinó la autora el orden de las historias. Sí entiendo la selección de reinas, porque de alguna u otra forma sus historias están conectadas o tienen similitudes entre sí.

La que veo más apartada del resto, no solo cronológicamente, es la vida de Cristina de Suecia.

Más allá del ordenamiento y de la selección de historias, el libro me parece excelente, muy bien escrito, consigue mostrar la época de cada una de las reinas y sus sentimientos, basándose en documentos dejados por las propias protagonistas o por sus contemporáneos.

Cuando termine de leerlo haré un comentario más completo.

Isabel de Baviera (Sissi)

“Una extraña en la corte”Sissi

Nacimiento: Munich, Baviera. 1837.

Padres: Maximiliano de Baviera y Ludovica de Baviera.

Marido: Francisco José I de Austria

Títulos: Emperatriz de Austria, Reina de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslavonia, Dalmacia, Galicia, Lodomeria e Iliria.

Hijos: Sofía (muerta de niña), Gisela, Rodolfo (suicidado) y María Valeria.

Muerte: Ginebra. 1898. Asesinada por un fanático.

Rasgos característicos: Padecía de anorexia nerviosa (no conocida en la época), detestaba Austria, con el excesivo protocolo de la corte, sufrió constantes ataques de su suegra.

María Antonieta

“La reina desdichada”Maria Antonieta

Nacimiento: Viena. 1755.

Padres: Francisco I, emperador de Sacro Imperio Romano Germánico, y María Teresa I, archiduquesa de Austria, Reina de Hungría y de Bohemia.

Marido: Luis XVI, futuro Rey de Francia.

Título: Reina de Francia.

Hijos: María Teresa, Luis José, muerto de niño, Luis Carlos y María Sofía, también muerta de niña.

Muerte: París. 1793. Guillotinada en la Revolución Francesa.

Rasgos característicos: Se casó muy joven con el delfín de Francia, se la acusó permanentemente de frívola y derrochadora, ganándose el odio del pueblo y de la corte francesa. En realidad ella deseaba únicamente tener hijos y vivir tranquila, apartada de las obligaciones y el aburrimiento de la corte.

Cristina de Suecia

“Un espíritu indomable”Cristina de Suecia

Nacimiento: Estocolmo. 1626.

Padres: Gustavo II Adolfo y María Leonor de Brandeburgo.

Marido: Nunca se casó.

Título: Reina de Suecia.

Hijos: No tuvo hijos.

Muerte: Roma. 1689. Muere a sus 62 años de una enfermedad.

Rasgos característicos: Llegó al trono de niña, luego de la muerte de su padre, Rey de Suecia, quien la había criado como a un hombre. Se la consideró siempre excesivamente masculina. Su reinado fue próspero, pero abdicó a los pocos años para dedicarse a viajar y promover el arte y la cultura. Se convirtió al catolicismo (Suecia era protestante). Era muy apasionada y se le reconocieron tendencias lésbicas.

Eugenia de Montijo

 “Un trágico destino”Eugenia de Montijo

Nacimiento: Granada. 1826.

Padres: Manuela Kirkpatrick y Don Cipriano, Conde de Tebas.

Marido: Luis, Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte.

Título: Emperatriz de Francia.

Hijos: Luis Napoleón.

Muerte: Madrid. 1920. Falleció a los 94 años, habiendo pasado sus últimos años viajando, a pesar de estar sola, luego de la muerte de todos sus seres más queridos.

Rasgos característicos: Sufrió las permanentes infidelidades de su marido. Luego de que su gobierno fuera depuesto debieron exiliarse a Inglaterra. Fue amiga de la Reina Victoria de Inglaterra, y también llegó a conocer a Sissi y a su esposo, Francisco José. Tanto Eugenia como su marido buscaron toda su vida ayudar a los pobres y enfermos. Durante su reinado Francia creció mucho en educación e infraestructura.

Biografía de Cristina Morató

A continuación la biografía de la autora de “Reinas malditas”, según su página web oficial (http://www.cristinamorato.com/).

Cristina Morató2

Cristina Morató nació en Barcelona en 1961, donde estudió periodismo y fotografía. Desde muy joven ha recorrido el mundo como reportera, realizando numerosos artículos y reportajes. Tras pasar largas temporadas en países de América Latina, Asia y África donde trabajó para la Cooperación Sanitaria Española en la actual República Democrática del Congo, en 2005 viajó por primera vez a Oriente Próximo visitando Siria y más tarde Jordania. Durante estos años alternó sus viajes con la dirección de programas de televisión, trabajo que decidió abandonar para dedicarse a escribir sobre la vida de las grandes viajeras y exploradoras olvidadas por la historia. En busca de sus rastros, recorrió más de cuarenta países. Los documentos, libros y datos encontrados durante el camino le permitieron escribir Viajeras intrépidas y aventureras (2001), Las Reinas de África (2003), Las Damas de Oriente (2005) y Cautiva en Arabia (2009).

Interesada por descubrir el lado más humano y menos conocido de las grandes divas del siglo XX, entre ellas Maria Callas o Coco Chanel, ha publicado Divas rebeldes (2010).

Reinas malditas (2014) es su último libro del que ya se han vendido más de 50000 ejemplares y va por su sexta edición. En él cuenta las apasionantes vidas de seis reinas y emperatrices marcadas por la tragedia que no pudieron elegir su destino.

Además, Cristina Morató es miembro fundador y actual vicepresidenta de la Sociedad Geográfica Española y pertenece a la Royal Geographic Society de Londres.

En la actualidad tiene una columna de opinión mensual titulada Entre Nosotras en el suplemento femenino Mujer de Hoy. También escribe series de biografías en la revista Hola -Aventureras de Película, Vidas Rebeldes y Mujeres de Leyenda- y vive volcada en la escritura.

Obras

Viajeras intrépidas y aventureras

Las reinas de África

Las damas de Oriente, grandes viajeras por los países árabes,

Cautiva en Arabia

Divas Rebeldes

Reinas Malditas

Estimados lectores:

En el día de ayer terminé de leer las dos obras que me habían quedado pendientes, que acompañan a “The importance of being Earnest” (“La importancia de llamarse Ernesto”: “Salomé” y “Lady Windermere´s fan”.

Ambas son dramáticas, nada que ver con el estilo risueño de “La importancia de llamarse Ernesto”. “Salomé”, es una pequeña ventana en el tiempo, mostrando una conocidísima escena de la época de Herodes, cuando su hija, Salomé, se encuentra con el prisionero de su padre, Jokanaan (Juan el Bautista) y termina pidiendo la cabeza del profeta en una bandeja. Usa un estilo de diálogo antiguo, así que cuesta un poco más leerla.

“Lady Windermerere´s fan” me gusto más, porque retrata, al igual que “La importancia de llamarse Ernesto”, escenas de la alta sociedad londinense, aunque esta vez de manera dramática y hasta angustiosa. Se desarrolla en el día del cumpleaños de la joven Lady Windermere, quien descubre, no solo que su reciente marido le está siendo infiel hace varios meses, sino además que lo sabe “toda la sociedad”, lo cual es aún peor.

El próximo libro elegido me lo regaló mi jefa la semana pasada por mi cumpleaños: “Reinas malditas”, de Cristina Morató, que narra las trágicas vidas de seis altas gobernantes: La emperatriz Sissi, María Antonieta, Cristina de Suecia, Eugenia de Montijo, Victoria de Inglaterra y Alejandra Romanov.

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Acompañan al libro fotos o retratos de cada una de las reinas, lo cual para siempre es un plus cuando se trata de personajes históricos.

Comencé por la primer gobernante: Sissi, Emperatriz de Austria, Reina de Hungría. El personaje de Sissi lo conozco de las hermosas películas alemanas, protagonizadas por la divina Romy Schneider. Son películas viejas, que vi gracias  a mi abuela, que muestran, de manera excesivamente rosa, la vida de Sissi. Yo sabía que la realidad distaba mucho de la felicidad inocente y eterna plasmada en la película, pero no hasta qué extremo. Ya las primeras páginas del libro nos introducen un panorama bastante más sombrío, que estimo empeorará de manera exponencial con el correr de las páginas.

Saludos,

Mercedes

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