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Estimados lectores:

A continuación quisiera hacerles un pequeño comentario de dos de los conceptos más revolucionarios aportados por Jacques Derrida: la deconstrucción y la différance (o diferancia, según el libro que estoy leyendo).

Deconstrucción

Lo que a mí me resultó más enriquecedor del pensamiento de Jacques Derrida es la denominada “deconstrucción”. Si bien el concepto no fue creado por Derrida (sino que es extraído del pensamiento de Heidegger), fue él quien lo popularizó, dándole una vuelta más al análisis.

Me costó un poco comprender claramente lo que la deconstrucción era; por eso también dejé pasar un tiempo antes de publicar algo sobre ella. Sintéticamente, la deconstrucción es un tipo de pensamiento que critica, analiza y revisa fuertemente las palabras y sus conceptos.Deconstrucción

De alguna manera se opone a la filosofía “tradicional”, ya que sostiene que es imposible realizar generalizaciones u objetivaciones de conceptos, no hay nada claro, evidente o unívoco. Es por esto que se lo consideró siempre a Derrida como un crítico y rebelde del sistema predominante.

De algunos de los textos que estuve leyendo en la obra, pude rescatar reflexiones sobre la deconstrucción. Por ejemplo, el filósofo Jean-Luc Nancy nos dice que la deconstrucción sería como “la imposibilidad de acabar el edificio y de entregar sus llaves así como de cerrar las cuentas de la obra”. Es decir, que detrás del concepto de deconstrucción vemos una cierta irracionalidad, un comportamiento o análisis que no sigue los principios racionales tradicionales de la filosofía.

Otro pensador, John D. Caputo, nos muestra a la deconstrucción como una “empresa de apertura de cosas –creencias y prácticas, textos e instituciones- y de liberación de su futuro, no expresa la muerte lisa y llana de nada”.

Luego de haber leído ya varias páginas sobre el pensamiento de Derrida, y de haberlo trabajado en mi mente, la deconstrucción es no asumir nada, no dar nada por sentado, por fijo e inamovible. Sería una forma de despejar la mente y dejar abiertas todas las puertas y posibilidades de interpretación. Así, en un análisis deconstructivo, no existen generalizaciones, causas que producen siempre las mismas consecuencias, conductas extrapolables o pensamientos únicos, sino que todo debe descomponerse, despedazarse en sus infinitos componentes.

Este pensamiento me pareció maravilloso, porque yo siempre sostuve lo mismo: no es posible generalizar, porque son tantos los elementos a tener en cuenta, que sería imposible llegar a la conclusión de que estamos considerándolos a todos, o a los imprescindibles para el análisis.

Différance

Otro aporte destacado de Derrida a la filosofía fue lo que él denominó “différance”, un neologismo derivado de la palabra francesa différence (diferencia), que se refiere al hecho de que algo no se pueda simbolizar porque desborda de representación. Para ello utiliza la vinculación con el verbo différer (diferir o diferenciar).

Ice cubesDerrida utiliza el neologismo para evocar varias características de la producción de significado de un texto. La noción de “diferimiento” nos mostraría que las palabras y símbolos nunca puede demostrar clara y completamente lo que se quiere transmitir. Logramos acercarnos al significado de una palabra a través de más palabras, difiriendo de alguna manera la percepción completa de su significado.

Por otro lado, observamos la noción de “diferencia” por la multiplicidad de interpretaciones, significados e imágenes que los términos pueden tener. En su obra se pueden encontrar diversos análisis de aspectos vinculados con la producción de significado de las palabras o los textos según en qué idioma estén escritos, quién los lee, de qué cultura es, etc. Además, indaga sobre las dificultades de traducción de palabras y textos, por las múltiples implicancias que los términos pueden tener en un lector en su idioma original.

Para terminar, les dejo una frase de Derrida que encontré en el libro:

“Aquello que no se puede decir, de ninguna manera hay que callarlo, sino escribirlo”.

Saludos.

Mercedes

PD: Todavía me falta un poco para terminar el libro; lo estoy leyendo despacio, porque algunos de los textos son bastante difíciles de entender e interpretar. El siguiente libro definitivamente será algo más pasatista.

Estimados lectores:

Con un poco de demora, les paso la biografía del filósofo Jacques Derrida, en cuyo homenaje fue escrito el libro que estoy leyendo.

Biografía Jacques Derrida

Jacques Derrida, nacido en julio de 1930 en El-Biar (Argelia), es considerado uno de los pensadores contemporáneos más influyentes, en particular por sus estudios sobre la deconstrucción, ideología de la cual hablaré en particular más adelante en otro post. Se lo ha llegado a considerar como el nuevo Kant o Nietzche, por la trascendencia de sus obras. Fue característico en su pensamiento la mancomunión de diversas disciplinas como la historia, la filosofía, la psicología, la literatura y la sociología, en permanente interacción.

Jacques Derrida

La vida de Derrida comenzó en los suburbios de Argel, en el seno de una familia judía originaria de Toledo, lo cual sería crítico para su crecimiento, ya que sufrió la discriminación en la escuela, y terminó siendo expulsado del instituto en 1942, por motivos racistas.

Se interesó desde joven por la lectura, estudiando a múltiples escritores, como Camus, Nietzche y Artaud, quienes influirían posteriormente en su pensamiento.

Luego de la expulsión de la escuela argelina, su familia se trasladó a París, donde terminó sus estudios y descubrió a una multiplicidad de autores que también serían influyentes. Gracias a haber obtenido una beca pudo estudiar en la Universidad de Harvard, en EEUU.

En 1957 contrajo matrimonio con Marguerite Aucouturier, con quien tuvo dos hijos. Al poco tiempo de casarse tuvo que volver a Argelia para cumplir con el servicio militar, aunque logró prestar servicios como docente de francés e inglés para jóvenes argelinos y franceses.

Posteriormente trabajó como docente y director en diversas instituciones, secundarias y universitarias, de Francia y EEU. En 1983 fundó el Colegio Internacional de Filosofía. Fue en Estados Unidos donde sus ideas recibieron la mayor acogida de la comunidad profesional.

Siempre se manifestó comprometido con los eventos de la actualidad que le tocaron vivir, como el mayo del 68, la guerra de Vietnam, los disturbios en República Checa y la defensa de Nelson Mandela. Ese compromiso le constaría algunos ingresos a prisión.

Murió el 8 de octubre de 2004 en París, a los 74 años, mientras se preparaba el libro homenaje que estoy leyendo.

Derrida nos ha dejado una gran cantidad de escritos, muchos de los cuales pueden encontrarse en versiones libres en Internet.

Estimados lectores:

Tarde pero seguro, un pequeño homenaje a Eduardo Galeano. Les dejo una carta de lectores que salió en Clarín el día después de su fallecimiento, escrita por Adriana Lenardón.

Eduardo Galeano2

“Galeano, nada mejor que eternizarlo con algunas de sus palabras”

Eduardo Galeno murió en Montevideo. Como sabemos, fue por complicaciones con el cáncer de pulmón que el maldito cigarrillo le provocó. ¡Nada mejor para un escritor que eternizarlo con algunas de sus palabras! Este texto es de “Me caí del mundo y no sé cómo se entra”, palabras con las cuales concuerdo y sé que no soy la única:

“Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente … No hace tanto … lavábamos los pañales, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos … El cuarto cajón era para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Guardábamos ¡tooooodo! …, las tapas de los refrescos. Hacíamos limpia-calzados para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar … Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa … no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables … Los diarios … servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, y para envolver …

Yo no digo que eso era mejor …, pero en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza … ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas … ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII) … no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’ … ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? … Hoy no sólo los electrodomésticos son desechables … también el matrimonio y hasta la amistad son descartables … A los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o … se valora más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour”.

Profesora Adriana Lenardón

 Eduardo Galeano 3

Estimados lectores:

Actualmente me encuentro leyendo (más bien diría “intentando leer”) un libro de filosofía. Es el primero que leo, sacando los pocos escritos que me tocó leer en el colegio y en la facultad. La obra, que me está trayendo más de un dolor de cabeza, se llama “Derrida. Para los tiempos por venir”.

Derrida Para los tiempos por venir

El libro es en realidad un compendio de escritos de diferentes autores, preparados en el marco de un homenaje al escritor y filósofo francés Jacques Derrida. El encargado de su compilación fue René Major, quien también escribe la introducción.

El primer escrito es un discurso dado por el propio Derrida, donde se introduce el tema que creo será el hilo conductor del resto de las obras: el porvenir.

Como me estaba resultando algo difícil de leer, tuve que tomarlo como un estudio, y dedicarme a subrayar, hacer anotaciones al margen y releer párrafos hasta entenderlos completamente (o casi).

Ya de por sí leer filosofía no debe ser sencillo, pero me parece que Derrida es particularmente complicado. Tampoco ayudan los escritores que aportaron su grano de arena a la obra.  Para que se den una idea, el segundo escrito consta de alrededor de 15 páginas, que giran alrededor de un poema de menos de 10 palabras de Derrida, analizando la implicancia de cada una de esas palabras, muy detalladamente.

Es algo completamente diferente de lo que habitualmente leo, y seguro hubiera sido mejor comenzar por un “Derrida para dummies”, o algo así. Pero me regalaron el libro hace unos meses, y la idea de leer filosofía la tengo hace tiempo, así que decidí darle una oportunidad. ¡Espero resistir!

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Aunque sea brevemente, quiero dejarles un comentario de El primer hombre, de Camus. Hace ya una semana que lo terminé y todavía sigo recordando pasajes del libro. Es más, pienso releerlo en un tiempo, para recordar todas esas imágenes preciosas del libro.

Introducción

Es un libro bastante corto y no muy difícil de leer (para lo que es Camus). A pesar de haberlo podido leer más rápido, preferí hacerlo lentamente, saboreando cada párrafo. Como ya dije, el hecho de ser autobiográfico, le da al lector una visión diferente y muy especial de los hechos narrados.

La primera parte de la obra hace referencia a la familia del pequeño Jacques Cormery (Albert Camus), mientras que la segunda se focaliza en sus estudios en la escuela primaria y en el liceo (secundaria).

Acompañan al libro las páginas de notas añadidas por Camus, muchas de las cuales no guardan relación con la historia de la novela. Por tratarse de una publicación póstuma, basada en el manuscrito encontrado luego de la muerte de Camus, hay palabras que no lograron ser descifradas (no son muchas), señaladas en el libro.

La novela comienza con el nacimiento de Jacques Cormery, segundo hijo de un joven matrimonio de pobres inmigrantes residentes en Argelia. Al poco tiempo del nacimiento del pequeño, su padre debe combatir en la Primera Guerra Mundial, muriendo al año siguiente, en Francia.

Cuarenta años después, nos encontramos a Jacques Cormery visitando, por primera vez y a pedido de su madre, la tumba de ese padre desconocido. La visión de la tumba, particularmente por reconocer la corta edad de su padre al momento de morir, despertó la ternura de Jacques, quien decide descubrir quién era ese “primer hombre” que fue su padre.

Esta búsqueda, que resultará poco fructífera, lo llevará a Argel, en su Argelia natal. La vuelta a la casa de su infancia le traerá cientos de pequeños recuerdos que compartirá con el lector.

La familia

En esta reminiscencia conoceremos a la familia de Jacques, donde se destacan principalmente las tres personas con las que vivía: su madre, su abuela y su tío. Las descripciones de la madre son preciosas, alcanzando niveles cada vez más dulces a medida que pasan las páginas. Se ve en la madre del niño Jacques a una mujer llena de buenos sentimientos, sin ningún tipo de maldad, pero aislada por su analfabetismo y discapacidad (era sorda y prácticamente no hablaba). El amor entre el niño y su madre se expresa a través de pensamientos y miradas nada más.

Durante toda su vida Camus guardará un incondicional amor por su madre, a pesar de la momentánea vergüenza que le causó, al ingresar al liceo, tener que reconocer que su madre se dedicaba a limpiar casas.

La abuela de Jacques, una dura y dominante española, acogió a su hija y a sus dos nietos luego de la partida a la guerra del yerno. Ejerció desde el primer momento el control del hogar, sin darle prácticamente intervención a su hija en la educación de los niños. Era la abuela la encargada de castigar severamente a los pequeños por cada falta cometida.

Finalmente, el núcleo de Jacques queda conformado por su tío Ernest, también discapacitado, con quien el niño comparte salidas de caza en medio de los bosques argelinos.

Otro personaje central en la novela es el maestro de escuela de Jacques, el señor Bernard (señor Germain en la realidad), impulsor del crecimiento (intelectual y personal) de Camus, a través de sus enriquecedoras clases y de su apoyo gratuito e incondicional fuera del aula. Fue gracias a su maestro que Jacques consigue ingresar al liceo.

La admiración y amor que sentía Camus por su madre y su maestro de escuela quedó evidenciada al dedicarles a ellos dos el Premio Nobel de Literatura.

La pobreza

La pobreza material estará constantemente en el relato, aunque sea de manera implícita. Si bien aporta una visión preciosa y optimista de la infancia de Camus, no podemos dejar de ver con algo de tristeza a esos niños desnudos jugando en la playa, compartiendo el esporádico paquete de papas fritas que un afortunado podía comprar, o recibiendo duros castigos corporales por gastar los zapatos del colegio jugando al fútbol.

Más adelante, para contribuir a la manutención de su casa, y solventar sus estudios, Camus debió trabajar en las vacaciones de verano del Liceo, desde la edad de 14 años.

Comentario final

El libro es precioso de principio a fin. Llegué a las últimas páginas con el deseo de que no se terminara, de seguir inmersa en la historia de ese pequeño pobre de Argelia que llegó a ser uno de los escritores contemporáneos más reconocidos del mundo, ganador del Premio Nobel de Literatura.

Saludos,

Mercedes

Estimados lectores:

Ya he terminado de leer “El primer hombre”, de Albert Camus. Estoy releyendo algunas partes para hacer la síntesis final. Un anticipo: PERFECCIÓN.

Les dejo mientras tanto unas citas más (el libro está repleto de frases hermosas).


Un niño no es nada por sí mismo, son sus padres quienes lo representan. Por ellos se define, por ellos es definido a los ojos del mundo. A través de ellos se siente juzgado de verdad, es decir, juzgado sin poder apelar, y ese juicio del mundo es lo que Jacques acababa de descubrir, y junto con él, su propio juicio sobre la maldad de su propio corazón. No podía saber que tiene menos mérito, al llegar a hombre, no haber conocido esos malos sentimientos. Pero uno es juzgado, bien o mal, por lo que es y no tanto por su familia, ya que incluso sucede que la familia sea juzgada a su vez por el niño cuando llega a hombre. Pero Jacques hubiera necesitado un corazón de una pureza heroica y excepcional para no sufrir por el descubrimiento que acababa de hacer, así como se hubiera necesitado una humildad imposible para no acoger con rabia y vergüenza lo que sobre su carácter le revelaba. No tenía nada de todo eso, sino un orgullo duro y malo que lo ayudó por lo menos en esa circunstancia y le hizo escribir con mano firme la palabra “criada” en el impreso, que llevó con semblante cerrado al pasante que ni siquiera le prestó atención. A pesar de todo, Jacques no deseaba cambiar de estado ni de familia, y su madre tal como era seguía siendo lo que más amaba en el mundo, aunque la amara desesperadamente. Por lo demás, ¿cómo hacer entender que un niño pobre pueda a veces sentir vergüenza sin tener nunca nada que envidiar?


Dos veces por día, a las doce y a las seis, Jacques salía precipitadamente, bajaba corriendo la calle en pendiente y saltaba a los tranvías atestados, con racimos de viajeros colgados de todos los pescantes, que llevaban a los trabajadores de vuelta a sus barrios. apretados unos contra otros en aquel calor pesado, mudos, los adultos y el niño, pensando en la casa que los esperaba, transpirando en calma, resignados a esa vida dividida entre un trabajo sin alma, las largas idas y vueltas en tranvías incomodos y, para terminar, un sueño súbito. A Jacques, ciertas noches, se le acongojaba el corazón mirándolos. Hasta ese momento solo había conocido las riquezas y las alegrías de la pobreza. Pero el calor, el hastío, la fatiga le revelaban su maldición, la del trabajo estúpido que daba ganas de llorar, cuya monotonía interminable consigue hacer que los días sean demasiado largos y la vida demasiado corta.


De joven, yo pedía a las personas más de lo que podían dar: una amistad continua, una emoción permanente.

Hoy sé pedirles menos de lo que pueden dar: una compañía sin frases. Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan para mí su valor cabal de milagro: un efecto cabal de la gracia.


Había sido el rey de la vida, coronado de dones deslumbrantes, de deseos, de fuerza, de alegría, y por todo ello iba a pedirle perdón a ella, que había sido la esclava sumisa de los días y la vida, que no sabía nada, no había deseado nada ni osado desear y que sin embargo había conservado intacta una verdad que él había perdido y que era la única justificación de vivir.

(…)

Oh madre, oh tierna, querida niña, más grande que mi tiempo, más grande que la historia que te sometía, más verdadera que todo lo que he amado en este mundo, oh madre, perdona a tu hijo que huyó de la noche de tu verdad.


(…) Él sentía hoy que la vida, la juventud, los seres se le escapaban, sin poder salvar nada de ellos, abonando a la única esperanza ciega de que esa fuerza oscura que durante tantos años lo había alzado por encima de los días, alimentado sin medida, igual que las circunstancias más duras, le diese también, y con la misma generosidad infatigable con que le diera sus razones para vivir, razones para envejecer y morir sin rebeldía.

Estimados lectores:

Les dejo unas frases hermosas de “El primer hombre”, un libro lleno de poesía, precioso.

El Mediterráneo separaba en mí dos universos, el de los espacios mesurados, donde se conservan los recuerdos y los nombres, y el de los vastos espacios, donde el viento de arena borraba las huellas de los hombres. Había tratado de escapar al anonimato, a la vida pobre, ignorante, obstinada, incapaz de vivir al nivel de esa paciencia ciega, sin frases, sin otro proyecto que lo inmediato. Había andado por el mundo, edificando, creando, quemando otros seres, sus días habían estado llenos hasta rebosar. Y, sin embargo, ahora sabía en el fondo de su alma que Saint-Brieuc y lo que representaba nunca había sido nada para él, y pensaba en las tumbas desgastadas y verdosas que acababa de abandonar, aceptando con una especie de extraña alegría que la muerte lo devolviera a su verdadera patria y cubriese a su vez con su vasto olvido el recuerdo del hombre monstruo y (trivial) que había crecido y se había formado sin ayuda y sin auxilio, en la pobreza, en una orilla feliz y bajo la luz de las primeras mañanas del mundo, para abordar después, solo, sin memoria y fe, el mundo de los hombres de su tiempo, y su espantosa y exaltante historia.

Estimados lectores:

A continuación les dejo una cita de “El primer hombre”, de Camus, que me llamó la atención:


“La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro está, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido solo lo recuperan los ricos. Para los pobres, el tiempo solo marca los vagos rastros del camino de la muerte. y además, para poder soportar, no hay que recordar demasiado, hay que estar pegado a los días, hora tras hora, como lo hacía su madre, un poco a la fuerza, sin duda (…).

Estimados lectores:

He comenzado a leer “El primer hombre”, de Albert Camus.

El primer hombre

La obra es interesante no solo por ser autobiográfica, sino también por haberse editado tomando como base el manuscrito inconcluso que Camus tenía en su poder cuando murió (antes de los 50 años en un accidente de auto).

En la edición que tengo se acompañan algunas páginas del manuscrito, para confirmar que la tarea de su edición no fue sencilla. Resulta que Camus, además de tener una letra bastante indescifrable, había realizado una gran cantidad de anotaciones marginales, tachaduras, correcciones e incorporaciones de páginas inconexas. Además, encontramos algunas inconsistencias en el relato (cambios de nombre de los personajes, datos de la historia, etc). Todas las notas están referenciadas en el libro, junto con la mención de las palabras no descifradas y de las inconsistencias.

A continuación la síntesis, según la contratapa del libro:

El “hombre” del título es tal vez el padre del niño Jacques Cormery, protagonista de esta historia. Pero poco se sabrá de este padre emigrante, que murió en el frente de la primera guerra mundial y que se había casado con una menorquina analfabeta y casi muda con la que apenas tuvo tiempo para tener dos hijos. El verdadero primer hombre es el hijo: sin padre, educado en un miserable barrio de las afueras de Argel por una abuela autoritaria, que le inflige castigos corporales ante una madre impotente, exhausta por su trabajo “en casas ajenas”, ¿cómo y por qué caminos llegó este niño indigente a convertirse en Premio Nobel de Literatura? Esta “obra maestra”, como la calificó Jorge Semprún, contesta estas preguntas.

Hasta ahora el libro es increíble. La historia, además de excelente desde donde se la mire, es auténtica, porque, si bien no está narrada en primera persona, es evidente que se describen hechos que ocurrieron realmente. Camus refleja con sencillez su verdadera historia, esa niñez tan pobre, aunque solo en el sentido material, ya que Camus siempre recordará sus años en Argelia como los más felices de su vida, necesitando apenas la compañía del sol y las olas.

Saber que ese pequeñito que corre desnudo por la playa será Albert Camus, un escritor de una profundidad inigualable, reconocido mundialmente y ganador del Premio Nobel, hace que se me ponga la piel de gallina, llenándome de tristeza, esperanza y ternura, todo al mismo tiempo.

Les dejo una foto de Albert Camus de pequeño.

Camus niño

Si bien publiqué hace poco la biografía de Camus, como este libro es en gran medida autobiográfico, incorporo una breve síntesis, extraída del propio libro.

Biografía Albert Camus

Nació en Argelia en 1913, en una paupérrima familia de emigrantes. Con gran dificultad realizó sus estudios primarios y de magisterio. Tras trabajar un tiempo como redactor en un diario argelino, se traslado a París. Escribió libros tan fundamentales en nuestra cultura como “La peste”, “El extranjero” o “El mito de Sísifo”, por los que en 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura. Falleció prematuramente en 1960, en un accidente de circulación, poco después de declarar a un periodista: “Mi obra aún no ha empezado”.

Estimados lectores:

Quiero compartir con ustedes un pensamiento de Mario Vargas Llosa, expuesto el viernes pasado en AdnCultura, en relación a la obra de teatro que está representando, basada en el Decamerón de Boccaccio:

 “Enfrentados a una realidad intolerable (la ciudad atacada por la peste), siete muchachas y tres varones consiguen escapar de ella mediante la fantasía, transportándose a un mundo hecho de historias que se cuentan unos a otros y que los llevan de esa lastimosa realidad a otra, de palabras y sueños, donde quedan inmunizados contra la pestilencia.

¿No es esta situación el símbolo mismo de la razón de ser de la literatura? ¿No vivimos los seres humanos desde la noche de los tiempos inventando historias para combatir de este modo, inconscientemente muchas veces, una realidad que nos agobia y resulta insuficiente para colmar nuestros deseos?

La circunstancia que sirve de marco a los cuentos del Decamerón no puede expresar mejor la naturaleza de lo teatral: representar en un escenario algo que, mientras dura, es vida que reemplaza a la vida real, a la vez que la refleja con sus carencias y añadida de lo que nuestras necesidades y urgencias quisieran que tuviera para colmarnos y hacernos gozar de ella a plenitud”.

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