Skip navigation

Estimados lectores:

Hace unos días terminé de leer “El verano. Bodas”, de Albert Camus. Son una serie de relatos breves o reflexiones del autor, con su muy personal toque existencialista. No es sencillo de leer, al menos no todos los relatos lo son. Me encontraba por momentos releyendo pasajes varias veces hasta llegar a entenderlos por completo, lo cual era especialmente desafiante teniendo en cuenta que leía siempre en el colectivo o subte, con todas las distracciones que eso implica.

De todas formas, es un libro muy breve, que vale la pena leer. Camus es uno de mis escritores preferidos, tanto por sus novelas como por historia de vida, sus relatos y filosofía.

Les dejo algunas citas del libro:

Porque sólo es mala suerte no ser amado y desgracia el no amar. Hoy todos morimos a causa de esa desgracia. Lo que ocurre es que la sangre y los odios descarnan hasta el propio corazón; la larga reivindicación de la justicia agota el amor que, sin embargo, fue quien le dio nacimiento. En la situación en la que hoy vivimos el amor es imposible y la justicia no basta. He ahí por qué Europa odia el día y no hace sino oponerse la injusticia a sí misma.


En todo cuanto hice o dije hasta ahora me paré reconocer la influencia de esas dos fuerzas aún cuando se manifiesten opuestas. No pude renegar de la luz en medio de la cual nací y sin embargo no quise rechazar la servidumbre de este tiempo. Sería muy fácil oponer aquí al dulce nombre de Tipasa otros más sonoros y más crueles: para los hombres de hoy existe un camino interior que yo conozco muy bien por haberlo recorrido en los dos sentidos y que va de las colinas del espíritu a las capitales del crimen. Mas si uno renuncia a una parte de lo que es, se impone que uno mismo renuncie a ser; que hay que renunciar, pues, a vivir o a amar de otro modo que con integridad. De suerte que hay una voluntad de vivir sin rechazar nada de la vida, lo cual constituye la virtud que yo más admiro en este mundo. De vez en cuando, a lo menos, admito que habría querido ejercitar la virtud. Puesto que tan pocas épocas exigen como la nuestra que uno se haga igual tanto a lo mejor como a lo peor, me gustaría precisamente no eludir nada y conservar intacta una doble memoria de las cosas. Sí, existe la belleza y existen los humillados. Cualesquiera sean las dificultades de la empresa no quisiera ser yo infiel ni a la una ni a los otros.


 ¿Qué significan las palabras porvenir, bienestar, posición? ¿Qué significa el progreso del corazón? Si obstinadamente rechazo todos los “después” del mundo, es porque también se trata de no renunciar a mi riqueza presente. No me gusta creer que la muerte abre otra vida. Para mí es una puerta cerrada. No digo que sea un paso que hay que dar; sino que es una horrible y sucia aventura.


Se vive con algunas ideas familiares. Dos o tres. Al azar de los mundos y los hombres que encontramos, se las pule, se las transforma. Se necesitan diez años para tener una idea auténticamente propia, una idea de la que pueda hablarse. Naturalmente, esto es un poco desalentador. Pero con ello gana el hombre cierta familiaridad con el hermoso rostro del mundo. Hasta ahora, lo veía frente a frente. Necesita, luego, dar un paso de lado para mirar su perfil. Un hombre joven mira al mundo frente a frente. No ha tenido tiempo para pulir la idea de muerte o de nada, cuyo horror ha rumiado sin embargo. Tal debe ser la juventud: dura confrontación con la muerte, terror físico del animal que ama al sol. Contrariamente a lo que se dice, al menos a este respecto, la juventud no se hace ilusiones. No ha tenido tiempo ni piedad para fabricárselas.

Anuncios

Estimados lectores:

En contra de mis costumbres, he comenzado a leer dos libros al mismo tiempo. Se trata de dos libros que dejé inconclusos hace mucho tiempo. El primero, “El verano. Bodas”, de mi queridísimo Albert Camus. Se trata de una serie de pequeños relatos y reflexiones existencialistas, sobre temas como la vida, la muerte, los dilemas de la sociedad actual, los mitos y costumbres de Argelia. A pesar de su breve extensión, no es sencillo de leer, ya que las reflexiones son bastante profundas y complejas, una fiel imagen de la filosofía existencialistas de Camus.

Este ha Sido elegido como “libro de colectivo”, por ser fácil de transportar.

El otro es “Los pilares de la tierra”, de Ken Follett. Empecé a leerlo hace varios años, en un momento en que no tenía tiempo para leer, lo que me obligó a dejarlo para otro momento, a pesar de que me interesaba muchísimo.

Como es algo voluminoso, me resulta algo incómodo de transportar para todos lados, así que me lo reservo para mi casa o algún viaje más largo.

Aprovecho para dejarles una cita de Camus, sobre un tema que siempre me intriga: la fuente de inspiración de los escritores.


La idea de que todo escritor escribe por fuerza sobre sí mismo y se pinta en sus libros, es una de esas ideas pueriles que nos legó el romanticismo. En cambio, en modo alguno queda excluida la posibilidad de que un artista se interese primero por las otras gentes o por su época o por los mitos que le son familiares. Si se da el caso de que él mismo entra en escena bien puede considerarse excepcional que hable de lo que realmente él es. Las obras de un hombre representan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, pero casi nunca su propia historia, sobre todo cuando pretende ser autobiográfica. Ningún hombre se atrevió nunca a pintarse tal como es.


 

Estimados lectores:

Buscando información sobre el último libro que leí, me encontré con que el cacique Mariano Rosas, uno de los protagonistas de la novela, existió realmente, así que voy a aprovechar para compartir una pequeña reseña histórica.

1825: Nacimiento de Panguitruz (luego conocido como Mariano Rosas) en la Provincia de La Pampa, cerca de la laguna de Leubucó. Era hijo del cacique Painé Güor y de una cautiva blanca. De pequeño es secuestrado junto con otros indios por los blancos, bautizado Mariano Rosas, y apadrinado por el propio Rosas, entonces gobernador de Buenos Aires.

Mariano Rosas

Mariano Rosas

1829-1832: Primer gobierno de la Provincia de Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas.

1832: Campaña al Desierto de Rosas, primera gran expedición de los blancos para conquistar las tierras dominadas por los indios. Sin embargo, esta campaña no tuvo la extensión y nefastas consecuencias de la emprendida por Roca en 1878.

1832-1835: Gobiernan Buenos Aires Juan Ramón González de Balcarce, Juan José Viamonte y Manuel Vicente Maza.

1835-1852: Segundo gobierno de Rosas, que culmina con su derrota en la batalla de Caseros, contra Justo José de Urquiza. En los primeros años del gobierno su política para con los indios alternó períodos de paz y campañas de exterminio, para pasar después de 1839 a sostener una política de paz permanente.

Rosas

Juan Manuel de Rosas

1852-1880: Gobiernan Buenos Aires y luego la Confederación Argentina, Vicente López y Planes (por un breve período), Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Juan Esteban Pedernera, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda.

1856: Muere el padre de Mariano Rosas, sucediéndolo su hijo mayor, Calvaiú Güor, quien dos años después es asesinado, llegando Mariano Rosas a cacique de los ranqueles. Durante el gobierno de Mariano Rosas los ranqueles mantuvieron buenas relaciones tanto con unitarios como con federales, y se impulsó el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

1870: Lucio V. Mansilla publica su libro “Una excursión a los indios ranqueles”, donde describe su encuentro con Panguitruz Güor (Mariano Rosas). Gracias a los relatos de Mansilla conocemos, por ejemplo, la buena relación que el Gobernador Rosas mantenía con su ahijado indio, y muchas costumbres del pueblo ranquel.

1877: Muerte de Mariano Rosas de viruela, siendo sucedido por su hijo, Epumer Rosas.

1878-1885: Conquista del Desierto, campañas llevadas a cabo por varios militares argentinos, entre los que se destaca Julio Argentino Roca, contra las poblaciones indígenas mapuche, ranquel y tehuelche, que terminaron con la victoria argentina.

Conquista del desierto

1879: La tumba de Mariano Rosas es profanada por los blancos, robándose sus huesos, que estuvieron expuestos en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de La Plata durante casi un siglo, hasta que en 2001 fueron restituidos a su tierra, luego de una serie de movilizaciones y peticiones de los descendientes de los indios. Entre estas movilizaciones cabe mencionar la participación de Gabriela Epumer, quien fuera guitarrista de Charly García, sobrina tataranieta de Mariano Rosas.

Estimados lectores:

En el día de ayer he concluido “Indias blancas”, de Florencia Bonelli (la primera parte). En el libro nos encontramos con dos historias de amor, aunque de alguna forma conectadas.

La primera se desarrolla en 1870, y los protagonistas son Laura Escalante y Nahueltruz Guor. Ella es una joven preciosa, blanca y rubia, perteneciente a una familia rica de Buenos Aires. Él es un morocho y corpulento indio ranquel, hijo del poderoso cacique Mariano Rosas. Se conocen casualmente en Río Cuarto, Córdoba, ciudad donde coinciden ambos para cuidar al convaleciente padre Agustín, hermano de Laura y amigo de Nahueltruz.

El amor es a primera vista y pasional, como solo puede ser en las novelas de Bonelli (al menos en las que leí). Laura y Nahueltruz deberán amarse en secreto, no solo porque las familias de ambos se opondrían a la unión, sino porque pertenecen a mundos en permanente guerra.

La otra historia de amor transcurre unos 30 años antes, la protagonizan Blanca Montes y Mariano Rosas, y llegamos a ella gracias a las memorias de Blanca Montes, que inesperadamente llegan a las manos de Laura.

Blanca Montes, madre del enfermo padre Agustín, es una figura envuelta en misterio, de la que nadie parece querer hablar. A través de sus memorias, Laura descubre la intensa vida de Blanca Montes, desde la temprana pérdida de sus padres, su casamiento con un hombre al que nunca amó, hasta su vida como cautiva de Mariano Rosas, un indio ranquel.

Pero la historia de Blanca es en definitiva una historia de amor: Mariano Rosas, perdidamente obnubilado por la belleza de Blanca, la cautiva y la hace su amante. Sin embargo, aunque pueda parecer cruel al principio, Blanca termina amando a su captor, quien profesa por ella un amor incondicional.

Y así se desarrolla la novela, intercalando la historia de Laura y Nahueltruz con la lectura de las memorias de Blanca Montes.

Comentario

El libro es apasionante; la capacidad de Bonelli de introducirnos en mundos e historias absorbentes es incuestionable. Las páginas se pasan rápido y cada capítulo invita a leer el siguiente.

Las referencias históricas y culturales siempre me suman en una novela; si bien el trasfondo es una historia de amor (o dos, en este caso), las enmarcamos en la época del gobierno de Rosas, la oposición entre unitarios y federales, y los contrastes de las culturas bonaerense, de las ciudades del interior y de los poblados indios.

Sin embargo, no puedo dejar de advertir que encuentro esta historia muy similar, salvando las distancias, a “Lo que dicen tus ojos”. En ambas hallamos a jóvenes bellísimas, inquietas, despiertas e inteligentes, pero algo ingenuas, que se encuentran repentinamente invadidas por un amor a primera vista y muy pasional. En ambos casos él es un hombre con experiencia, fornido, impulsivo y casi animal, del que no deberían enamorarse, porque es de otra raza y cultura, enfrentada a la propia. Pero la fuerza de ese primer gran amor los mantiene unidos, luchando contra todos los obstáculos que se les presentan en el camino.

Por otro lado, me doy cuenta de que cada vez me cuesta más creer en este tipo de historias. Las leo con interés, pero no me las creo realmente. Hace poco leí un artículo que decía que las películas y la literatura nos invitan a creer que existe ese amor espontáneo, a primera vista, que surge cuando nos chocamos con alguien en la calle, se nos caen todos los libros al piso, y mientras los levantamos intercambiamos palabras casuales que terminan siendo la semilla del gran amor de nuestra vida.

Cada vez más me doy cuenta de que no existe ese “amor a primera vista por el que daría la vida sin pensarlo”. Sin ánimos de volverme filosófica, el amor es una construcción del día a día, y que lleva mucho tiempo. De ninguna manera una mirada, por más fornido, morocho y seductor que sea él, me enamora al punto de querer dejarlo todo por un sueño.

Por eso me resultó bastante más creíble la historia de amor de Blanca Montes y Mariano Rosas: comienza siendo aversión contra el captor, pero poco a poco se transforma en amor, luego de ir conociendo al otro y de compartir una vida juntos.

La historia de Laura y Nahueltruz continúa en Indias Blancas II, pero por el momento voy a descansar del amor incondicional, y optaré por otro tipo de literatura. ¡En breve les digo quién es el escogido!

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

El nuevo libro es “Indias blancas”, de Florencia Bonelli, una de sus obras más conocidas, y que cuenta con una segunda parte.

Indias Blancas

La historia, ambientada en 1870, comienza con el viaje de Laura Escalante, una joven inquieta y curiosa perteneciente a una familia de alcurnia, desde Buenos Aires hasta Córdoba, para visitar a su hermano enfermo.

Allí Laura conocerá a Nahueltruz Guor, un indio ranquel, del que se enamorará perdidamente.

Según la página web de la propia Florencia Bonelli: “Un amor irrefrenable, enfrentado a todos y a todo, incluso a ellos mismos, los hace transitar momentos dolorosos, llenos de aventuras, desencuentros y acción, en el marco de la épica lucha entre indios y blancos que ha definido nuestro país desde entonces”.

La trama, como en muchas de las obras de Bonelli, intercala historia argentina con amor pasional y cultura, en este caso sobre la vida en esa época, tanto entre los blancos como entre los indios, y el perpetuo enfrentamiento entre ambas culturas.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

El siguiente libro, que ya terminé, resultó ser “Los diarios de Adán y Eva”, de Mark Twain. Es un cuento en realidad, muy breve (para leer en media hora), pero excelente, cada palabra.

Los diarios de Adán y Eva

Son extractos de los imaginarios diarios de Adán y de Eva, narrados por separado, cada uno con su perspectiva de la vida. Es extremadamente cómico. A mí me resultó especialmente simpático porque hace poco vi la obra de teatro basada en el libro, “El diario de Adán y Eva”, protagonizada por Miguel Ángel Solá y Paula Cancio.

Les dejo un extracto del final del libro.

No es por su inteligencia que lo amo… no, no es por eso. No se lo puede culpar por su inteligencia, pues él no se hizo a sí mismo; él es como Dios lo hizo, y eso basta. Había un propósito sabio en ello, lo sé. Con el tiempo se desarrollará, aunque pienso que no será repentino; y además, no hay prisa; él es suficientemente bueno tal como es.

No es por sus maneras graciosas y consideradas y su delicadeza que lo amo. No, él tiene carencias en ese sentido, pero es suficientemente bueno tal como es, y está mejorando.

No es por su laboriosidad que lo amo… no, no es por eso. Pienso que la tiene, y no sé por qué me la oculta. Éste es mi único dolor. Por lo demás, ahora es franco y abierto conmigo. Estoy segura de que no se guarda nada, excepto eso. Me apena que tenga un secreto conmigo; pensar en ello perturba mi sueño, pero me lo sacaré de la cabeza; no dejaré que empañe mi felicidad, que por otra parte es rebosante.

No es por su educación que lo amo…no, no es por eso. Él se educó a sí mismo y sabe realmente una multitud de cosas, pero no son tantas.

No es por su cortesía que lo amo… no, no es por eso. Él me ha herido, pero no lo critico; es una peculiaridad de su sexo, creo, y él no hizo su sexo.

Desde luego, yo no lo habría acusado, me habría muerto antes de hacer eso; pero también es una peculiaridad de mi sexo, y no es mérito mío, dado que yo no hice mi sexo.

Entonces, ¿por qué lo amo? Simplemente porque él es masculino, creo.

En el fondo es bueno, y lo quiero por eso, pero podría amarlo si no lo fuera. Aunque me maltratara, lo seguiría amando. Lo sé. Es una cuestión de sexo, creo.

Él es fuerte y hermoso, y lo amo por eso, y lo admiro y estoy orgullosa de él, pero lo amaría sin esas cualidades. Si fuera poco agraciado, igual lo amaría; si fuera un despojo, igual lo amaría; y trabajaría para él, y me agotaría por él, y rezaría por él, y me quedaría a su lado hasta la muerte.

Sí, creo que lo amo simplemente porque es mío y es masculino. No hay otra razón, supongo. De modo que pienso que es como dije al principio: que esta clase de amor no es producto de razonamientos ni estadísticas. Sólo llega -nadie sabe de dónde- y no puede explicarse. Tampoco es necesario que lo haga.


En la tumba de Eva

Adán:

“Dondequiera que ella estuviese, allí estaba el Edén”.

Estimados lectores:

He concluido de leer “Vientos de Cuaresma”, de Leonardo Padura.

Es una novela muy sencilla de leer, que transcurre en La Habana, donde el teniente Mario Conde se encuentra investigando el asesinato de una joven profesora de secundaria. Para descubrir al asesino Mario deberá introducirse en un mundo entrecruzado por la droga, el poder y la corrupción.

Aunque la trama parece ser la de un policial, no se trata de esa típica novela de ritmo acelerado, suspenso creciente y un final revelador. En “Vientos de Cuaresma”, además de la investigación, se expone el alma de un joven investigador, abrumado por el tipo de trabajo que realiza, invadido por la soledad y la nostalgia, y esforzado por conquistar al que podría ser el amor de su vida.

Es muy recomendable, aunque si están buscando un policial, quizás sea mejor empezar por algún otro libro de Padura.

Biografía de Leonardo Padura

Leonardo Padura nació en La Habana en 1955, trabajando como guionista, periodista y crítico, hasta lograr el reconocimiento internacional con la serie de novelas policiacas protagonizadas por el detective Mario Conde: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño, Adiós, Hemingway, La neblina del ayer y La cola de la serpiente, traducidas a numerosos idiomas y merecedoras de varios premios.

También ha escrito La novela de mi vida y El hombre que amaba a los perros, una reconstrucción de las vidas de Trotsky y Ramón Mercader, traducida a diez idiomas, vendidos sus derechos al cine y también ganadora de varios premios.

En 2012 Padura recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba.

Sitio web oficial: http://leonardopadura.com/

Obras (según Wikipedia):

Novelas

  • Fiebre de caballos (2088)
  • Pasado perfecto (1991)
  • Vientos de cuaresma (1994)
  • Máscaras (1997)
  • Paisaje de otoño (1998)
  • Adiós Hemingway (2001)
  • La novela de mi vida (2002)
  • La neblina del ayer (2005)
  • El hombre que amaba a los perros (2009)
  • La cola de la serpiente (2011)
  • Herejes (2013)

 Libros de cuentos

  • Según pasan los años (1989)
  • El cazador (1991)
  • La puerta de Alcalá y otras cacerías (1998)
  • El submarino amarillo (1993)
  • Nueve noches con Amada Luna (2006)
  • Mirando al sol (2009)
  • Aquello estaba deseando ocurrir (2015)

 Otras obras

  • Con la espada y con la pluma: comentarios al Inca Garcilaso de la Vega (1984)
  • Colón, Carpentier, la mano, el arpa y la sombra (1987)
  • Lo real maravilloso, creación y realidad (1989)
  • Estrellas del béisbol. El alma en el terreno (1989)
  • El viaje más largo (1994)
  • Un camino de medio siglo (1994)
  • Modernidad, posmodernidad y novela policial (2000)
  • La cultura y la Revolución cubana (2002)
  • José María Heredia: la patria y la vida (2006)
  • Yo quisiera ser Paul Auster. Ensayos Selectos (2015)

 Guiones

  • Yo soy del son a la salsa, documental (1996).
  • Malavana (2002).
  • Siete días en La Habana (2011).
  • Regreso a Ítaca (2014).
  • Vientos de la Habana (2016).
  • Cuatro estaciones en La Habana (2016).

 

Estimados lectores:

El actual biblocompañero es “Vientos de cuaresma”, de Leonardo Padura. No conocía al autor, y menos al libro, pero parece que era nuestro destino cruzarnos. Les cuento la historia.

El otro día salí de mi casa con el firme propósito de comprar una funda para mi PC. Luego de caminar durante tres horas sin éxito, entrar como a 15 tiendas y pasear un poco por la ciudad, encontré la funda perfecta. La felicidad del objetivo cumplido me impulsó a entrar en una Librería Santa Fe.

Recorrí tranquila la librería en busca de un libro que me atrajera, que fuera exactamente lo que quería leer en ese momento.

Luego de dar varias vueltas sin suerte, ya estaba por cruzar la puerta e irme, cuando en uno de esos muebles giratorios de la entrada veo los libros de Tusquets. No sé qué tiene esa editorial, pero me gustan mucho sus libros, tanto por lo físico (tamaño, color, letra, páginas, imagen), como por lo que contienen (al menos los que leí).

Y allí me encontré a Leonardo Padura, un cubano que escribe mayormente novelas policiales. Me interesó de entrada que fuera cubano (hace poco leí un libro de un compatriota y me fascinó), y la trama me pareció interesante también: el teniente Mario Conde está investigando el brutal y misterioso asesinato de una joven profesora de química, mientras comienza un romance con una mujer que conoció en la calle. Para descifrar el misterio deberá adentrarse en el mundo de la droga y la delincuencia, mostrando los costados más oscuros de la Cuba contemporánea. Fue esta última parte la que más me interesó.

Vientos de cuaresma 02.jpg

Inmersa como estaba en la lectura, no presté atención a las voces de los vendedores a mi alrededor. Hasta que me giro para pagar y me encuentro de frente con una vendedora que conozco hace años de otra sucursal de Librería Santa Fe. Una mujer inteligente, que sabe muchísimo de libros y que es muy buena asesora.

Me dio mucha alegría verla, porque hace años que no la veía. Pero más me impactó la casualidad. Yo jamás camino para el lado a donde había ido; fui exclusivamente a comprar la funda de la PC, que justamente compré a una cuadra de la librería. Y en circunstancias normales no hubiera entrado nunca a la librería. Primero, porque me prometí no comprar más libros. Y segundo, porque sumo puntos en otra librería, no en Santa Fe.

Las 15 cuadras que me faltaban hasta mi casa las caminé feliz, reflexionando sobre el destino, y cómo a veces la vida nos sorprende con cosas que jamás esperábamos.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

En el viaje de vuelta del trabajo he terminado de leer “Caín”, de José Saramago.

En la novela seguimos los pasos del bíblico Caín a lo largo de un ficticio peregrinar errante por distintos momentos del Antiguo Testamento, como el intento de Abraham de sacrificar a su hijo Isaac, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la bajada del monte Sinaí de Moisés o la construcción del arca de Noé.

Si bien la novela hace referencia a hechos bíblicos, y hay mucho de verídico (al menos bíblicamente verídico), hay un toque de Josecito que es indudable. Tenemos por un lado la modificación de hechos, la imaginación de partes omitidas por la Biblia, la incorporación de personajes y diálogos ingeniosos y, lo que es más importante, la reflexión crítica de Saramago sobre determinados sucesos expuestos en la Biblia.

Por ejemplo, ante la destrucción por parte de Dios de las ciudades de Sodoma y Gomorra, y la consecuente muerte de todos sus habitantes en castigo por sus prácticas homosexuales, Saramago nos lleva a preguntarnos qué culpa tenían las mujeres y especialmente los niños, por todos los actos cometidos por sus padres.

Con ejemplos como este, y a través de la voz de Caín, Saramago nos lleva a cuestionarnos esa supuesta definición de la bondad y justicia divinas. Es similar a lo que ocurre en “El Evangelio según Jesucristo”, solo que en “Caín” el ataque es más frontal y directo.

En síntesis: fácil de leer, corto e interesante. Ideal para este momento de poco tiempo disponible y para descansar la mente después de “Los siete locos”.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Como ya les anticipé, el nuevo libro es “Caín”, de José Saramago.

Caín

En él Saramago nos adentra en el bíblico mundo de Adán, Eva y, principalmente, Caín, pero de la forma en la que solo Josecito puede hacerlo.

Les dejo una cita de la primera parte para que se den una idea:

“En cuanto al señor y sus esporádicas visitas, la primera fue para ver si adán y eva habían tenido problemas con la instalación doméstica, la segunda para saber si se habían beneficiado algo de la experiencia de la vida campestre y la tercera para avisar de que no esperaba volver tan pronto, pues tenía que hacer ronda por los otros paraísos existentes en el espacio celeste. De hecho, sólo acabaría apareciendo mucho más tarde, en una fecha de la que no quedó registro, para expulsar a la infeliz pareja del jardín del edén por el crimen nefando de haber comido del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Este episodio, que dio origen a la primera definición de un hasta entonces ignorado pecado original, nunca ha quedado bien explicado. En primer lugar, porque incluso la inteligencia más rudimentaria no tendría ninguna dificultad en comprender que estar informado siempre es preferible a desconocer, sobre todo en materias tan delicadas como son estas del bien y del mal, en las que uno se arriesga, sin darse cuenta, a la condenación eterna en un infierno que entonces todavía estaba por inventar. En segundo lugar, clama a los cielos la imprevisión del señor, ya que, si realmente no quería que le comiesen del tal fruto, fácil remedio tendría la cosa, habría bastado con no plantar el árbol, o con haberlo puesto en otro sitio, o con rodearlo de una cerca de alambre de espino. En tercer lugar, no fue por haber desobedecido la orden de dios por lo que adán y eva descubrieron que estaban desnudos. Desnuditos, en pelota viva, ya estaban ellos cuando se iban a la cama, y si el señor nunca había reparado en tan evidente falta de pudor, la culpa era de su ceguera de progenitor, la misma, por lo visto incurable, que nos impide ver que nuestros hijos, al fin y al cabo, son tan buenos o tan malos como los demás”.

Hasta hoy no había pensado lo mucho que me gusta la escritura de Saramago. No puedo evitar sonreír cuando voy pasando las páginas, por el abordaje particular del tema, por su desenvoltura y desfachatez para escribir y hasta por su sintaxis, que desconoce los estándares literarios.

Para cerrar les dejo una última cita que me quedó de “Los siete locos” de Arlt, que, sin darme cuenta, viene totalmente a cuento ahora.

“-Ahora he llegado al final. Mi vida es un horror… Necesito crearme complicaciones espantosas… cometer el pecado. No me mira. Posiblemente… vea… las personas han perdido el sentido de la palabra pecado… el pecado no es una falta… yo he llegado a darme cuenta que el pecado es un acto por el cual el hombre rompe el débil hilo que lo mantenía unido a Dios. Dios le está negado para siempre. Aunque la vida de ese hombre después del pecado se hiciera más pura que la del más puro santo, no podría llegar jamás hasta Dios. Yo voy a romper el débil hilo que me unía a la caridad divina. Lo siento. Desde mañana seré sobre la tierra un monstruo… imagínese usted una criatura… un feto… un feto que tuviera la virtud de vivir fuera del seno materno… no crece jamás… velludo… pequeño… sin uñas camina entre los hombres sin ser un hombre… su fragilidad horroriza al mundo que lo rodea… pero no hay fuerza humana que pueda restituirlo al vientre perdido. Es lo que me ocurrirá mañana a mí. Me alejaré de Dios para siempre. Estaré solo sobre la tierra. Mi alma y yo, los dos solos. El infinito por delante. Siempre solos. Y noche y día… y siempre un sol amarillo… ¿Se da cuenta?”.

Temas vinculados con la noción del pecado, pero narraciones totalmente diferentes, ¿no? En este momento, la verdad que prefiero la de Josecito. Se siente como una brisa fresca en un día de mucho calor.

Como “Caín” es corto, fácil de leer y entretenido, calculo que lo voy a terminar rápido.

Saludos.

Mercedes