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Estimados lectores:

La nueva selección es “Los siete locos”, de Roberto Arlt.

Los siete locos

Hace mucho que lo tengo en la lista de pendientes, pero no estoy segura de que sea el mejor momento para leerlo, ya que es más complejo de lo que imaginaba, y la trama es bastante melancólica y depresiva.

La historia gira alrededor de las tribulaciones de Remo Erdosain, descubierto robando de la empresa donde trabaja como cobrador, desesperado por conseguir dinero, abandonado por su mujer. Bajo estas circunstancias encontramos a Erdosain desesperanzado, casi agonizante por momentos, envuelto en una red de desesperación y angustia de la que parece no puede salir.

Lo acompañan personajes como “El Astrólogo”, empeñado en hacer una revolución social financiada por una red de burdeles administrada por el Rufián Melancólico.

La edición que tengo cuenta con un prólogo de Mirta Arlt, hija de Roberto, donde se nos plantea a Erdosain como una especie de espejo del autor, compartiendo el personaje y su creador muchos de los sentimientos expuestos en la obra.

Para tomar conciencia de la temática del libro les dejo una cita:

“Elsa miraba fijamente tras los rombos del velo, el semblante demacrado de aquel esposo que tanto quisiera un día, en tanto que Erdosain se preguntaba por qué existía en él un vacío tan inmenso, vacío en el que su conciencia se disolvía sin acertar con palabras que ladraban su pena de un modo eterno”.

Saludos.

Mercedes

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6 Comments

  1. Quizás tendrías que haber empezado por “El Juguete Rabioso” para entenderlo a Arlt

    • El pesimismo lo habrá rodeado toda la vida? Realmente la vida enseña o aplasta? “Y así es la vida. Quejarse siempre de lo que fue…”

    • Sólo constituye un problema querer leer “Lanzallamas” sin haber leído previamente “Los Siete Locos”, sería como leer Abdón el Exterminador sin haber leído previamente “Sobre Héroes y Tumbas” de Sábato

  2. No leí este título aún, también está en mis pendientes, pero según el comentario de Mercedes, yo creo que este título es válido para conocer al autor, sólo afecta el orden cronológico, “El juguete rabioso” pone en claro el origen de la vida de Roberto, al leerlo se puede sospechar las cosas que lo afectaron desde la niñez, y con éste creo que pinta su madurez… que personaje sombrío saca para ilustrar la vida…!

    • Gracias por tus comentarios Maxi! Recuerdo que me recomendaste “El juguete rabioso” hace mucho, y lo tengo en PDF, aguardando su turno. Pero hay algo de “Los siete locos” que siempre me atrajo. Quizás sea un poco el título (¿quiénes serán los siete? y ¿no estamos acaso todos un poco locos?), la historia que hay detrás (un “Crimen y castigo” local), o la portada de la edición que tengo. Muchas veces lo vi en la biblioteca y me intrigó su contenido, algo que las ediciones en PDF no me producen todavía.

      El prólogo de la hija es muy bueno, y aporta mucho para comprender esa imagen íntima y sombría de Arlt. Y como no revela detalles de la trama, resulta la introducción perfecta para un libro tan complejo, en muchos sentidos.

      Cuando tenga un poco de tiempo voy a indagar un poco más sobre la biografía de Roberto y publico algo.

      De nuevo, gracias por comentar!!

      Mercedes

        • Deby
        • Posted 18 julio, 2017 at 1:20 PM
        • Permalink

        ARLT vs. BORGES= ANTINOMIA O COMPLEMENTO? Entre Arlt y Borges, y sin quererlo, dividen la ciudad en dos tiempos: Borges retrocede a 1880 y Arlt se adelanta a 1930 y su profusión de dictaduras, porque desde el presente adivina la confusión futura, las batallas de ideologías, la necesidad de sobrevivir, la furia apenas sepultada que cubre a Buenos Aires como una nube de humo y baña a sus habitantes en el desencanto mientras Borges vuelve hacia un pasado idealizado desplazándose del centro a la periferia, los arrabales, esos límites imprecisos donde la ciudad se encuentra con el campo y cuyos habitantes, adivina, encarnan la degradación de ese gaucho que el Primer Centenario levantó como emblema de la argentinidad, del ser nacional.

        Arlt empezó a escribir sus Aguafuertes en 1928, a los 28 años, aunque su fecha de nacimiento siga siendo motivo de misterio porque él se encargó muy bien de borrar los rastros mientras se agregaba y quitaba segundos y terceros nombres: Arlt situaba su historia en el plano en el que le interesaba contarla y desde ahí la leemos hoy: sus primeros datos ciertos son un padre autoritario que lo amenazaba diciéndole: “Mañana a la madrugada voy a darte unos azotes”; años después, en sus aguafuertes, contaría cómo su padre lo esperaba afuera, con el cinto en la mano. Arlt metió adentro de sus aguafuertes esos sentimientos de dolor, pérdida e introspección: Onetti, que los leyó rápido y mal, las niega con un “escribió algunas fácilmente olvidables”. La lectura descuidada de Onetti oculta el material que Arlt encontró en sus recorridas por las calles de Buenos Aires antes de escribir Los siete locos y Los lanzallamas, sus novelas visionarias que contienen el germen de lo que vendrá nacido justamente de esas largas caminatas a pie: años de prosperidad que se precipitarán muy rápido en la crisis del treinta y el primero de los muchos golpes militares argentinos: Arlt lee el revés de la buena fortuna observando costumbres, dichos, lenguajes, gestos y personajes, y en la transcripción apurada de esos aguafuertes dibuja el perfil de una ciudad melancólica y cruel, llena de personajes folletinescos, planeando revoluciones e inventos imposibles encerrados en discursos alucinados, locos, imposibles, mechados en interminables charlas de café. Arlt presiente la catástrofe y ficcionaliza ese quiebre que será el primer golpe militar en el discurso de uno de sus personajes, el Astrólogo, con palabras que la realidad le copiara casi enseguida.

        Porque el material con que construye sus novelas es el mismo que sirve de cimiento a sus ficciones y puede verse entre ambas una línea que los une: los personajes de ese Buenos Aires secreto que Arlt recorre y sobre el que escribe cada día, reconstruyendo las diversas capas de una ciudad cuyos perfiles se modifican constantemente; sus aguafuertes rescatan el momento preciso en que la ciudad va mutando, dejando paso a una nueva, más grande, posesiva y dominante, rodeada de cemento y edificios, donde crecen y viven primeras y segundas generaciones de inmigrantes: es el testigo privilegiado de ese pasaje mientras Borges se convierte en el historiador del pasado a través de las orillas y sus habitantes. Entre ambos, y sin quererlo, dividen la ciudad en dos tiempos: Borges retrocede a 1880 y Arlt se adelanta a 1930 y su profusión de dictaduras, porque desde el presente adivina la confusión futura, las batallas de ideologías, la necesidad de sobrevivir, la furia apenas sepultada que cubre a Buenos Aires como una nube de humo y baña a sus habitantes en el desencanto mientras Borges vuelve hacia un pasado idealizado desplazándose del centro a la periferia, los arrabales, esos límites imprecisos donde la ciudad se encuentra con el campo y cuyos habitantes, adivina, encarnan la degradación de ese gaucho que el Primer Centenario levantó como emblema de la argentinidad, del ser nacional.

        Arlt, a diferencia de Borges, se preocupa más por el futuro que por el presente: ese el material de su obra, tamizado por una lectura sarcástica, irreverente, que abre las entrañas de la inmigración que todavía no termina de acomodarse al país y lucha con un idioma que le es extraño y circunstancias que no comprenden del todo: en ese acomodamiento brusco con la realidad Arlt se mueve y los circuitos extraños y retorcidos que recorre —bares, cafés, comités, hipódromos, “leoneras”, redacciones “estrepitosas” y plazas públicas— aparecen en sus novelas como personajes vivos: a medida que describe la arquitectura de la ciudad aparecen los personajes que la pueblan y, desde ellos, el lenguaje que usan; pero todo su cinismo frente a estos espectáculos no oculta su sentimientos de piedad y su talento para captar los matices

        MUY INTERESANTE TU BLOG MERCEDES


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