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Tag Archives: Albert Camus

Estimados lectores:

He terminado de leer El extranjero, de Albert Camus (L’Étranger en el idioma original). Lo había leído hace mucho tiempo, estando todavía en la secundaria, y la verdad que no recordaba nada. Quizás porque las reflexiones que aporta el libro eran demasiado complejas para mis 16 años.

El libro nos muestra el interior de Meursault, un joven argelino que sufre la muerte de su madre. “Sufrir” es una forma de decir, porque en realidad Meursault no siente nada, ni por su madre, ni por su novia María, ni por el hombre desconocido que matará unos días después del funeral de su madre, en un caluroso día de verano.
Este pequeña pero preciosa novela, narrada en primera persona por Meursault, nos muestra la esencia de este hombre que transita la vida como un extranjero.

Imperdible. 100% obligatorio leerla.
Próximo libro: “Respiración artificial”, de Ricardo Piglia.

Saludos.

Mercedes

Estimados lectores:

Aunque sea brevemente, quiero dejarles un comentario de El primer hombre, de Camus. Hace ya una semana que lo terminé y todavía sigo recordando pasajes del libro. Es más, pienso releerlo en un tiempo, para recordar todas esas imágenes preciosas del libro.

Introducción

Es un libro bastante corto y no muy difícil de leer (para lo que es Camus). A pesar de haberlo podido leer más rápido, preferí hacerlo lentamente, saboreando cada párrafo. Como ya dije, el hecho de ser autobiográfico, le da al lector una visión diferente y muy especial de los hechos narrados.

La primera parte de la obra hace referencia a la familia del pequeño Jacques Cormery (Albert Camus), mientras que la segunda se focaliza en sus estudios en la escuela primaria y en el liceo (secundaria).

Acompañan al libro las páginas de notas añadidas por Camus, muchas de las cuales no guardan relación con la historia de la novela. Por tratarse de una publicación póstuma, basada en el manuscrito encontrado luego de la muerte de Camus, hay palabras que no lograron ser descifradas (no son muchas), señaladas en el libro.

La novela comienza con el nacimiento de Jacques Cormery, segundo hijo de un joven matrimonio de pobres inmigrantes residentes en Argelia. Al poco tiempo del nacimiento del pequeño, su padre debe combatir en la Primera Guerra Mundial, muriendo al año siguiente, en Francia.

Cuarenta años después, nos encontramos a Jacques Cormery visitando, por primera vez y a pedido de su madre, la tumba de ese padre desconocido. La visión de la tumba, particularmente por reconocer la corta edad de su padre al momento de morir, despertó la ternura de Jacques, quien decide descubrir quién era ese “primer hombre” que fue su padre.

Esta búsqueda, que resultará poco fructífera, lo llevará a Argel, en su Argelia natal. La vuelta a la casa de su infancia le traerá cientos de pequeños recuerdos que compartirá con el lector.

La familia

En esta reminiscencia conoceremos a la familia de Jacques, donde se destacan principalmente las tres personas con las que vivía: su madre, su abuela y su tío. Las descripciones de la madre son preciosas, alcanzando niveles cada vez más dulces a medida que pasan las páginas. Se ve en la madre del niño Jacques a una mujer llena de buenos sentimientos, sin ningún tipo de maldad, pero aislada por su analfabetismo y discapacidad (era sorda y prácticamente no hablaba). El amor entre el niño y su madre se expresa a través de pensamientos y miradas nada más.

Durante toda su vida Camus guardará un incondicional amor por su madre, a pesar de la momentánea vergüenza que le causó, al ingresar al liceo, tener que reconocer que su madre se dedicaba a limpiar casas.

La abuela de Jacques, una dura y dominante española, acogió a su hija y a sus dos nietos luego de la partida a la guerra del yerno. Ejerció desde el primer momento el control del hogar, sin darle prácticamente intervención a su hija en la educación de los niños. Era la abuela la encargada de castigar severamente a los pequeños por cada falta cometida.

Finalmente, el núcleo de Jacques queda conformado por su tío Ernest, también discapacitado, con quien el niño comparte salidas de caza en medio de los bosques argelinos.

Otro personaje central en la novela es el maestro de escuela de Jacques, el señor Bernard (señor Germain en la realidad), impulsor del crecimiento (intelectual y personal) de Camus, a través de sus enriquecedoras clases y de su apoyo gratuito e incondicional fuera del aula. Fue gracias a su maestro que Jacques consigue ingresar al liceo.

La admiración y amor que sentía Camus por su madre y su maestro de escuela quedó evidenciada al dedicarles a ellos dos el Premio Nobel de Literatura.

La pobreza

La pobreza material estará constantemente en el relato, aunque sea de manera implícita. Si bien aporta una visión preciosa y optimista de la infancia de Camus, no podemos dejar de ver con algo de tristeza a esos niños desnudos jugando en la playa, compartiendo el esporádico paquete de papas fritas que un afortunado podía comprar, o recibiendo duros castigos corporales por gastar los zapatos del colegio jugando al fútbol.

Más adelante, para contribuir a la manutención de su casa, y solventar sus estudios, Camus debió trabajar en las vacaciones de verano del Liceo, desde la edad de 14 años.

Comentario final

El libro es precioso de principio a fin. Llegué a las últimas páginas con el deseo de que no se terminara, de seguir inmersa en la historia de ese pequeño pobre de Argelia que llegó a ser uno de los escritores contemporáneos más reconocidos del mundo, ganador del Premio Nobel de Literatura.

Saludos,

Mercedes

Estimados lectores:

Ya he terminado de leer “El primer hombre”, de Albert Camus. Estoy releyendo algunas partes para hacer la síntesis final. Un anticipo: PERFECCIÓN.

Les dejo mientras tanto unas citas más (el libro está repleto de frases hermosas).


Un niño no es nada por sí mismo, son sus padres quienes lo representan. Por ellos se define, por ellos es definido a los ojos del mundo. A través de ellos se siente juzgado de verdad, es decir, juzgado sin poder apelar, y ese juicio del mundo es lo que Jacques acababa de descubrir, y junto con él, su propio juicio sobre la maldad de su propio corazón. No podía saber que tiene menos mérito, al llegar a hombre, no haber conocido esos malos sentimientos. Pero uno es juzgado, bien o mal, por lo que es y no tanto por su familia, ya que incluso sucede que la familia sea juzgada a su vez por el niño cuando llega a hombre. Pero Jacques hubiera necesitado un corazón de una pureza heroica y excepcional para no sufrir por el descubrimiento que acababa de hacer, así como se hubiera necesitado una humildad imposible para no acoger con rabia y vergüenza lo que sobre su carácter le revelaba. No tenía nada de todo eso, sino un orgullo duro y malo que lo ayudó por lo menos en esa circunstancia y le hizo escribir con mano firme la palabra “criada” en el impreso, que llevó con semblante cerrado al pasante que ni siquiera le prestó atención. A pesar de todo, Jacques no deseaba cambiar de estado ni de familia, y su madre tal como era seguía siendo lo que más amaba en el mundo, aunque la amara desesperadamente. Por lo demás, ¿cómo hacer entender que un niño pobre pueda a veces sentir vergüenza sin tener nunca nada que envidiar?


Dos veces por día, a las doce y a las seis, Jacques salía precipitadamente, bajaba corriendo la calle en pendiente y saltaba a los tranvías atestados, con racimos de viajeros colgados de todos los pescantes, que llevaban a los trabajadores de vuelta a sus barrios. apretados unos contra otros en aquel calor pesado, mudos, los adultos y el niño, pensando en la casa que los esperaba, transpirando en calma, resignados a esa vida dividida entre un trabajo sin alma, las largas idas y vueltas en tranvías incomodos y, para terminar, un sueño súbito. A Jacques, ciertas noches, se le acongojaba el corazón mirándolos. Hasta ese momento solo había conocido las riquezas y las alegrías de la pobreza. Pero el calor, el hastío, la fatiga le revelaban su maldición, la del trabajo estúpido que daba ganas de llorar, cuya monotonía interminable consigue hacer que los días sean demasiado largos y la vida demasiado corta.


De joven, yo pedía a las personas más de lo que podían dar: una amistad continua, una emoción permanente.

Hoy sé pedirles menos de lo que pueden dar: una compañía sin frases. Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan para mí su valor cabal de milagro: un efecto cabal de la gracia.


Había sido el rey de la vida, coronado de dones deslumbrantes, de deseos, de fuerza, de alegría, y por todo ello iba a pedirle perdón a ella, que había sido la esclava sumisa de los días y la vida, que no sabía nada, no había deseado nada ni osado desear y que sin embargo había conservado intacta una verdad que él había perdido y que era la única justificación de vivir.

(…)

Oh madre, oh tierna, querida niña, más grande que mi tiempo, más grande que la historia que te sometía, más verdadera que todo lo que he amado en este mundo, oh madre, perdona a tu hijo que huyó de la noche de tu verdad.


(…) Él sentía hoy que la vida, la juventud, los seres se le escapaban, sin poder salvar nada de ellos, abonando a la única esperanza ciega de que esa fuerza oscura que durante tantos años lo había alzado por encima de los días, alimentado sin medida, igual que las circunstancias más duras, le diese también, y con la misma generosidad infatigable con que le diera sus razones para vivir, razones para envejecer y morir sin rebeldía.

Estimados lectores:

Les dejo unas frases hermosas de “El primer hombre”, un libro lleno de poesía, precioso.

El Mediterráneo separaba en mí dos universos, el de los espacios mesurados, donde se conservan los recuerdos y los nombres, y el de los vastos espacios, donde el viento de arena borraba las huellas de los hombres. Había tratado de escapar al anonimato, a la vida pobre, ignorante, obstinada, incapaz de vivir al nivel de esa paciencia ciega, sin frases, sin otro proyecto que lo inmediato. Había andado por el mundo, edificando, creando, quemando otros seres, sus días habían estado llenos hasta rebosar. Y, sin embargo, ahora sabía en el fondo de su alma que Saint-Brieuc y lo que representaba nunca había sido nada para él, y pensaba en las tumbas desgastadas y verdosas que acababa de abandonar, aceptando con una especie de extraña alegría que la muerte lo devolviera a su verdadera patria y cubriese a su vez con su vasto olvido el recuerdo del hombre monstruo y (trivial) que había crecido y se había formado sin ayuda y sin auxilio, en la pobreza, en una orilla feliz y bajo la luz de las primeras mañanas del mundo, para abordar después, solo, sin memoria y fe, el mundo de los hombres de su tiempo, y su espantosa y exaltante historia.

Estimados lectores:

A continuación les dejo una cita de “El primer hombre”, de Camus, que me llamó la atención:


“La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro está, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido solo lo recuperan los ricos. Para los pobres, el tiempo solo marca los vagos rastros del camino de la muerte. y además, para poder soportar, no hay que recordar demasiado, hay que estar pegado a los días, hora tras hora, como lo hacía su madre, un poco a la fuerza, sin duda (…).

Estimados lectores:

He comenzado a leer “El primer hombre”, de Albert Camus.

El primer hombre

La obra es interesante no solo por ser autobiográfica, sino también por haberse editado tomando como base el manuscrito inconcluso que Camus tenía en su poder cuando murió (antes de los 50 años en un accidente de auto).

En la edición que tengo se acompañan algunas páginas del manuscrito, para confirmar que la tarea de su edición no fue sencilla. Resulta que Camus, además de tener una letra bastante indescifrable, había realizado una gran cantidad de anotaciones marginales, tachaduras, correcciones e incorporaciones de páginas inconexas. Además, encontramos algunas inconsistencias en el relato (cambios de nombre de los personajes, datos de la historia, etc). Todas las notas están referenciadas en el libro, junto con la mención de las palabras no descifradas y de las inconsistencias.

A continuación la síntesis, según la contratapa del libro:

El “hombre” del título es tal vez el padre del niño Jacques Cormery, protagonista de esta historia. Pero poco se sabrá de este padre emigrante, que murió en el frente de la primera guerra mundial y que se había casado con una menorquina analfabeta y casi muda con la que apenas tuvo tiempo para tener dos hijos. El verdadero primer hombre es el hijo: sin padre, educado en un miserable barrio de las afueras de Argel por una abuela autoritaria, que le inflige castigos corporales ante una madre impotente, exhausta por su trabajo “en casas ajenas”, ¿cómo y por qué caminos llegó este niño indigente a convertirse en Premio Nobel de Literatura? Esta “obra maestra”, como la calificó Jorge Semprún, contesta estas preguntas.

Hasta ahora el libro es increíble. La historia, además de excelente desde donde se la mire, es auténtica, porque, si bien no está narrada en primera persona, es evidente que se describen hechos que ocurrieron realmente. Camus refleja con sencillez su verdadera historia, esa niñez tan pobre, aunque solo en el sentido material, ya que Camus siempre recordará sus años en Argelia como los más felices de su vida, necesitando apenas la compañía del sol y las olas.

Saber que ese pequeñito que corre desnudo por la playa será Albert Camus, un escritor de una profundidad inigualable, reconocido mundialmente y ganador del Premio Nobel, hace que se me ponga la piel de gallina, llenándome de tristeza, esperanza y ternura, todo al mismo tiempo.

Les dejo una foto de Albert Camus de pequeño.

Camus niño

Si bien publiqué hace poco la biografía de Camus, como este libro es en gran medida autobiográfico, incorporo una breve síntesis, extraída del propio libro.

Biografía Albert Camus

Nació en Argelia en 1913, en una paupérrima familia de emigrantes. Con gran dificultad realizó sus estudios primarios y de magisterio. Tras trabajar un tiempo como redactor en un diario argelino, se traslado a París. Escribió libros tan fundamentales en nuestra cultura como “La peste”, “El extranjero” o “El mito de Sísifo”, por los que en 1957 recibió el Premio Nobel de Literatura. Falleció prematuramente en 1960, en un accidente de circulación, poco después de declarar a un periodista: “Mi obra aún no ha empezado”.

Estimados lectores:

Durante mis provechosas, aunque demasiado breves, vacaciones he concluido “Una mujer irreverente”, de Ovidio Lagos, y leí “El verano. Bodas”, un libro que compila una serie de relatos muy cortos de Albert Camus.

Bodas

“El revés y el derecho”, también de Camus, todavía no lo terminé, porque no me lo llevé al viaje por miedo a que sufriera algún percance (recordar que es un libro que ha visto bastantes primaveras).

¡Qué hermoso que escribe Camus! Hace mucho que no leía nada de él, y sus palabras son realmente preciosas. “El revés y el derecho”, por haberlo escrito a la edad de 20 años, es bastante más simple y fácil de leer que el otro, tanto por la forma de escritura como por la complejidad del mensaje que transmite, aunque no por ello resulta menos impactante. De hecho, Camus definió que los pensamientos de este libro son los que lo acompañaron durante toda su vida. Al final del libro que yo tengo está su discurso de aceptación del Premio Nobel y otros discursos más que dio posteriormente. Lo que es totalmente IMPERDIBLE es el prólogo. Es demasiado largo como para transcribirlo íntegro, y no puedo simplemente hacer extractos, así que si pueden conseguirlo, vale absolutamente la pena.

“El verano. Bodas” son varios relatos breves, la mayoría descripciones de ciudades argelinas y europeas, con un perpetuo sentimiento de añoranza de la Argelia donde Camus nació, con la tranquilidad y libertad que allí vivía. En paralelo con estas descripciones nos marca una serie de concepciones propias, como las dualidades de la vida en las ciudades, la forma de ser de la gente, el miedo a la muerte y las ansias de vida, entre otros.

Por otro lado, “Una mujer irreverente” es un reflejo muy interesante de la realidad argentina de los últimos años, mostrando la vida de las personas de clase alta (“oligarcas”), desde Perón hasta casi la actualidad. Pero es mucho más que eso, porque Ovidio Lagos logra un retrato muy íntimo de la relación entre una madre algo particular y su único hijo. Lo que comienza siendo simplemente una graciosa historia de “mi madre la oligarca”, termina siendo la exposición de una compleja relación, plagada de momentos sumamente cómicos, pero también de mucha tristeza y nostalgia.

Saludos,

Mercedes

PD: Nuevo libro: El clásico “Great expectations”, de Charles Dickens.

Estimados lectores:

Solo unos breves comentarios de “El revés y el derecho”, el libro de Camus que comencé a leer.

El revés y el derecho2

“El revés y el derecho” es un libro bastante pequeño, escrito en 1935 por Camus, a sus 22 años, publicado dos años después. El autor durante años se resistió a hacer una reedición de este libro, a pesar del éxito que cosechó, y recién en 1957 acepta volver a hacerlo (esta edición es la que yo tengo).

Se incluyó en la nueva edición un prólogo escrito por Camus, que es verdaderamente imperdible. Tanto me emocionó que lo leí dos veces. En él Camus hace una pequeña introspección, mostrando aspectos de su pensamiento que son ejemplares. La humildad de este genio de la literatura es impresionante. Aunque a todo el mundo le parezcan absolutamente perfectas sus obras, él siempre mantuvo una visión muy crítica de sí mismo (motivo por el cual se resistió durante tanto tiempo a reeditar “El revés y el derecho”.

Además de la humildad en cuando a su talento, Camus muestra una sencillez inusitada en una persona que llegó a ser tan exitosa. Para él el dinero o las riquezas materiales no están asociados a la felicidad, todo lo contrario, tienden a atentar contra ella. Él era feliz poseyendo poco, solo siendo libre. Esta forma de ver la vida se explica en su niñez y adolescencia muy pobre (económicamente), pero muy rica en diversos aspectos fundamentales, como la contención de la familia, el amor y la libertad. Siendo tan rico de tantas formas, él nunca sintió la pobreza verdadera, que solo se encontró en los suburbios de las grandes ciudades, cuando llegó a conocerlos.

Pero no tengo forma de describir el prólogo, hay que leerlo. Tal vez en internet se lo encuentre.

Después del prólogo nos encontramos con una serie de relatos muy breves, que no son en exactamente historias, sino más bien pequeños ensayos que nos muestran verdades o realidades, que según el propio Camus dice, son su esencia, su centro, sus pensamientos más verdaderos, que lo acompañaron durante toda su vida.

Hasta ahora vale mucho la pena.

Saludos,

Mercedes